26 de Septiembre de 2018

Opinión QRoo

Mendicuti, el PRI y el factor CJ

El ex secretario de Gobierno y ex alcalde playense, Gabriel Mendicuti Loría, ha sido el centro de atención de la política local en los últimos días por el creciente rumor que...

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El ex secretario de Gobierno y ex alcalde playense, Gabriel Mendicuti Loría, ha sido el centro de atención de la política local en los últimos días por el creciente rumor que lo coloca como potencial candidato a asumir la presidencia del PRI en el estado en el corto plazo, en relevo del insalvable Raymundo King de la Rosa, cuya caída es inminente.

La sola posibilidad de que el político/empresario playense que tuvo puestos de primer nivel durante los gobiernos de Félix González Canto y Roberto Borge Angulo asuma las riendas del PRI, ha generado un sinfín de lecturas políticas; para unos se trata de una continuidad de la línea que seguido el partido en los últimos años y que terminó por hacerlo encallar en las pasadas elecciones.

Para otros, Gabriel Mendicuti es una carta del ex gobernador Félix González Canto, quien por medio de este político mantendría los hilos del Tricolor que han estado en sus manos por más de una década.

Difiero de ambas interpretaciones por simple aritmética política donde dos más dos si son cuatro.

Porque se equivocan quienes etiquetan a Gabriel Mendicuti como “borgista” o “felixista”, ya que en su carrera política este personaje ha mostrado que, aunque sabe jugar en equipo, solo se sirve a sí mismo.

El ex secretario de gobierno es un lobo solitario con gran y retorcido colmillo, virtud que le ha permitido salir indemne del oscuro episodio de borgiato. Astuto como pocos, su nombre no se ha escuchado dentro de la cascada de denuncias contra ex funcionarios del gobierno anterior a pesar de haber ocupado el segundo puesto en importancia en la cadena de mando.

También salió limpio de la quema pública y mediática con un oportuno desmarque del PRI y de Borge meses antes de las elecciones. Desde entonces, Mendicuti Loría se mantuvo en un retiro a medias, porque siempre estuvo a la zaga.

Su regreso a la grilla activa es un hecho, sea en el PRI o en otro partido. Él mismo lo confirmó en una carta dirigida al presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, que se volvió noticia esta semana.

A raíz de la misiva algunos trascendidos de información filtrados aquí y allá colocan a Gabriel Mendicuti como el mejor posicionado para suplir a Raymundo al frente del PRI, movimiento en el que tendría que ver más el gobernador Carlos Joaquín que el senador Félix González.

Porque nadie debe olvidar que Carlos Joaquín es un político de cepa, que mamó en biberón el pragmatismo priista y los principios del poder, y que aún mantiene estrechas relaciones con importantes cuadros del Tricolor a nivel nacional, como su propio hermano, Pedro Joaquín Coldwell, y el recién destapado aspirante presidencial Enrique de la Madrid.

He postulado una y otra vez que el único que puede rescatar al PRI de su desgracia es el gobernador quintanarroense, y no por misericordia ni mucho menos por darse un balazo en el pie: lo rescataría por un simple principio de poder.

Para Carlos Joaquín, que no es panista ni perredista, y que su influencia en esos partidos se limita a un dando y dando, tomar el control del PRI, que insisto, sigue siendo la maquinaria con más caballaje de fuerza electoral en el estado, le abriría el camino para impulsar su proyecto político más allá del 2018.

No es descabellado pensar que el factor CJ juega a favor del ex secretario de Gobierno, porque los quintanarroenses deben recordar que fue justamente Gabriel Mendicuti quien trajo de la mano a Carlos Joaquín a la política quintanarroense cuando fue alcalde de Playa del Carmen, y después le dejó la mesa servida para sucederlo en el gobierno municipal.

Mendicuti no es borgista, ni felixista, ni joaquinista, pero definitivamente está más cerca de Carlos Joaquín que de esa dupla de ex gobernadores. Si se concreta su llegada a la dirigencia –lo que está en veremos, porque hay mucha resistencia– podría ser el primer pasito del renacimiento del PRI bajo la tutela y estilo de Carlos Joaquín.

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