13 de Diciembre de 2017

Riviera Maya

“Mis papás me van a matar”; se agudizan embarazos adolescentes en Q. Roo

Ana tiene 15 años y por “ganas” tuvo relaciones, ahora lo que más teme es cómo decírselo a sus padres.

No es un problema relacionado con la falta de educación, ni siquiera con el nivel económico, es una pérdida de valores. (Redacción/SIPSE)
No es un problema relacionado con la falta de educación, ni siquiera con el nivel económico, es una pérdida de valores. (Redacción/SIPSE)
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Juan Carlos Gómez/SIPSE

BACALAR, Q. Roo.- Tiene 15 años y una vida naciendo dentro de ella. Sus padres aún no lo saben y así lo prefiere, todavía no sabe como decírselos, sobre todo porque no tiene novio, eso es lo que realmente la atormenta, pero espera tener el valor; tiene dos meses de embarazo y sabe que tarde o temprano se notará.

 
Debido a que no se atienden partos en Bacalar, no se tiene una cifra específica; sin embargo, el coordinador de Salud del municipio, Wilbert Leciano Fuentes, estima que 30% de los embarazos en Bacalar corresponden a niñas menores de edad.
 
Esta niña de 15 años (a quien llamaremos Ana pues no quiere que sus padres se enteren de su embarazo por ahora) estudia, tiene amigos y una vida allá lejos, en una de las comunidades de Bacalar.
 
“El problema no es que esté embarazada, en realidad es que yo no tengo novio y no se cómo decírselo a mis papás”, comenta con la voz quebrada, ¿por qué ha decidido hablar al respecto? ¿Por qué hablarlo con un desconocido? Tal vez sólo quería ser escuchada sin ser juzgada, aún es una niña y tiene miedo al rechazo.
 
Cuando se habla de embarazos en menores de edad, no hay una definición del nivel educativo, explica Leciano Fuentes, “en Bacalar la oferta educativa es amplia y hay espacios suficientes en las escuelas, no es un problema relacionado con la falta de educación, ni siquiera con el nivel económico, es una pérdida de valores”.
 
Quizá sean los valores, pero Ana no lo ve de esa manera. “Fui a una fiesta, me estaba divirtiendo, me gustó el chavo con quien estaba platicando y pasó, y no significa que no haya pasado antes, no quiero hacerme la víctima, tampoco decir que me vale, pues tenía ganas”.
 
Esas ganas le darán una vida de responsabilidad en siete meses, pero, para entonces, espera contar con el apoyo de sus padres, porque quiere seguir estudiando, quiere estudiar algo que tenga que ver con el mar, “quiero pasármela viajando y buceando”.
 
A decir del Leciano Fuentes, se les da pláticas en las escuelas, existen comités e incluso en los grupos del programa federal Oportunidades se les orienta al respecto, “Las pláticas existen, pero no permean en la conciencia de los jóvenes”.
 
Para Ana el problema “no son las pláticas, sino que lo que los papás quieren es que no lo hagamos, no que nos cuidemos. 
 
Tampoco los hombres quieren cuidarse y pues no voy a ir yo a comprar un condón”. Y así, entre el celibato y el riesgo, el resultado es un niño cuya madre se estresa sólo de pensar en el nombre que le pondrá, porque abortar: “no tendría corazón para eso”.
 
No existe un estigma social ni discriminación cuando se habla de embarazo entre menores de edad, en ese punto concuerdan Ana y Leciano Fuentes; pero cuando se habla de un hijo sin padre la cuestión es diferente. 
 
“La familia, e incluso los propios compañeros de escuela, cobijan a las chicas embarazadas”, explica Leciano Fuentes; “pero cuando sepan que no tiene papá todos van a empezar a murmurar”, replica Ana.
 
Bacalar es chico, y sus comunidades aún más, en donde vive Ana hay 261 habitantes, todos se conocen ¿por qué no buscar al padre de su hijo? No era de la comunidad, no sabe a que comunidad pertenece, se conocieron en una fiesta popular.
 
“El problema es que no hemos tenido la capacidad de llegar hasta ellos de una manera profunda, sólo se queda en información, tal vez con talleres podríamos permear un poco más”, comenta Leciano Fuentes.
 
Un embarazo en una adolecente puede representar algunos problemas de salud: abortos y niños prematuros, ya que “la mujer no está madura para tener su gestación como pudiera ser a los 20 o 22 años, la maduración no está completa.”
 
El coordinador de Salud explica que el contexto social de Bacalar ha cambiado, una adolecente embarazada no tiene por qué dejar trunco su proyecto de vida.
 
“Depende de como ellos enfrenten la situación a la par con sus padres y la sociedad, puede embarazarse a los 15 y a los 16 estar estudiando de nuevo”, subrayó.
 
Pero Ana no piensa en eso por ahora, sólo tiene una idea en mente, es clara y con la imaginación de una niña: “Mis papas me van a matar”.

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