23 de Septiembre de 2018

Opinión QRoo

Ni de aquí ni de allá

¿Le suena a usted la palabra “Chapulín o Grillo”? Desde luego que sí...

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¿Le suena a usted la palabra “Chapulín o Grillo”? Desde luego que sí, y a la mente nos viene ese personaje con el que muchos crecimos y al que Francisco Gabilondo Soler le dio vida, me refiero al famoso Cri-Cri. Bueno, hoy conforme avanzan los meses, cada vez son más evidentes las acciones de los gobernantes en turno que ya están preparando su estrategia con miras a la elección del 2018. Desde hace algunos meses muchos políticos han aplicado la técnica del chango o el chapulín, la cual es estar brincando de rama en rama o lo que he es lo mismo de partido en partido; ejemplos hay muchos, el más específico el de Marybel Villegas Canché, ex delegada de la Sedesol a quien según le dicen la “arco iris” por haber portado prácticamente todos los colores de los partidos existentes y tal parece que va por un color más.

 

Actualmente la ciudadanía tiene un enorme hartazgo y reproche contra los chapulines quienes en términos políticos son funcionarios que dejan un cargo o institución para buscar un puesto de elección popular arropados por otro partido político; lo anterior refleja ciertos trastornos en nuestra cultura política. Es importante entender que los políticos, especialmente en la democracia, no son, ni podrían ser como alguna vez lo soñó Platón, líderes morales. La mala fama de los políticos ha aflorado. Entre otras cosas, porque son políticos automáticos, definidos así porque apenas toman protesta de un cargo público están pensando en el siguiente.

 

Los chapulines políticos en nuestro país se distinguen por brincar de un cargo público a otro en total abandono de sus responsabilidades básicas, por renunciar al cargo que supuestamente desempeñó durante meses, con tal de perseguir un nuevo hueso en otra instancia de gobierno, y aspiran a ocupar una posición de poder de mayor importancia. En Quintana Roo hay ejemplos claros: Maribel Villegas, Carlos Mario Villanueva, Gregorio Sanchez Martínez, Juan Ignacio García Zalvidea, Domingo Flota Castillo, entre muchos más que han puesto como excusa el ya no tener cabida en sus institutos políticos o que sus dirigentes no tienen nada que ofrecer a la militancia.

 

Los partidos no buscan renovarse, causando con ello que nuevos actores políticos se incorporen al escenario; siguen los mismos de siempre luchando por tener una posición electoral y la clase política por lo menos en nuestro estado está inmóvil. Es por esto que la ciudadanía tiene una gran decepción, frustración y desconfianza en los partidos y sus políticos. Nuestro país –y me permito generalizar– está harto de ver a los políticos llegar y perpetuarse en el poder. Hoy en día no hay funcionario público que no quiera hacer carrera política porque según ellos nacieron para ello.

 

El servicio público del político debería de ser solo por un periodo y de ahí que regresen a sus trabajos anteriores, perooooooo como estamos en México todo se puede y ahí es cuando se convierten en personajes eternos en el poder, saltando de una secretaría a otra, incluso de partido en partido político como si fuera un deporte extremo.

 

México es el único país del mundo donde los políticos pueden saltar de un cargo a otro y de un partido a otro con la misma ligereza con la que un chapulín salta de rama en rama. En otras democracias esta práctica se toma como traición y quien lo hace se quema políticamente, pero aquí hasta se premia. No se vale que estemos manteniendo haraganes cuyo único anhelo es mejorar su posición política y económica saltando de un cargo a otro y cambiando de partido como quien cambia de camisa.

 

Winston Churchill afirmó que “algunos hombres cambian de partido por el bien de sus principios; otros cambian de principios por el bien de sus partidos”. Tenemos actualmente personajes que no son capaces de organizar un solo evento político con más de 20 personas, que han vivido del erario y que han obtenido sus cargos por medio de la retórica y no por su liderazgo o trabajo en territorio pues han aprendido a ser trapecistas profesionales de la política.

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