11 de Diciembre de 2018

Quintana Roo

‘No era grato sentirme loco’

Juan Chí disfruta de sus actividades de cada día sin perder la sonrisa del rostro.

Un grupo de personas con discapacidad visual y motriz trabajan en un negocio de masajes. (Archivo/SIPSE)
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Rubí Velázquez/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Un grupo de ocho personas con discapacidad visual y motriz recobran sus ganas de vivir al sentirse útiles y productivas con la apertura de un negocio de masajes, ubicado en sociedad en el parque Las Palapas.

Hace 11 años, Juan Chi, originario de Campeche y dedicado al cuidado y operación de juegos mecánicos, al igual que a realizar trabajos de impermeabilización, nunca imaginó que su vida daría un giro de 360 grados y que en pocos meses al cumplir 28 años, tendría que regresar al lado de su familia.

Sentado en una banca del parque, a la sombra de un árbol, contó que a la edad de 14 años, siendo el noveno de 11 hermanos, la situación económica lo orilló a labrar su propio futuro fuera de su Estado y comenzar a recorrer la República trabajando en diferentes ferias con ese tipo de juegos.

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“La aventura y vivir al máximo siempre fueron los motores en mi vida, hasta que de pronto recibí una lección a mis excesos”.

El 30 de junio de 2004 en Tamaulipas, un accidente automovilístico ocasionó el desprendimiento de retina en ambos ojos y con ello su ceguera, por lo que regresó al lado de su familia. “El miedo hay que traerse bajo los pies, porque si se lleva en hombros, mata”, es la frase que recordaba de su padre, quien desde muy pequeño le inculcó que la vida se disfruta y no se lamenta.

Para él, era normal sentirse deprimido en ocasiones, pero durante esos meses, por lo menos una vez a la semana al recostar su cabeza en la almohada, escuchaba voces que le decían: “vete ¿qué te impide seguir tu vida?, vete; no quieres seguir siendo una carga ¿o sí?

“vete ¿qué te impide seguir tu vida?, vete; no quieres seguir siendo una carga ¿o sí?

No era grato sentirme loco”, dijo el hombre al recalcar que fue entonces cuando tomó la decisión de comenzar a salir de casa sin la ayuda de nadie y así prepararse para partir de regreso a su independencia.

Llega de aventón a Mérida

Un par de meses después, entrada la tarde, fue a casa de su hermano y le dijo que regresaría en una semana, ya que viajaría al centro de Campeche, sin embargo al llegar allá, consiguió que lo llevaran de “aventón”  hasta Mérida, donde pasó la noche fuera de la terminal.

“En Mérida me encontré a una chica como tú, una periodista que grabó el recorrido de la terminal de autobuses al mercado, ubicado tres calles atrás, donde me invitó el desayuno y constató mi habilidad de ubicación y desenvolvimiento a pesar de mi discapacidad”.

Al regresar a la central de camiones, aseguró haber recibido “apoyo de allá arriba”, refiriéndose a Dios, ya que se acercó un antiguo compañero de trabajo y le regaló 50 pesos para continuar su viaje a Cancún, lugar que había conocido años atrás y que le parecía idóneo para vivir.  

“Pagué la cantidad de 35 pesos para que el chofer me dejara en el pueblo de Pisté, pero se durmió y yo me avivé, bajándome hasta Valladolid”.

“Pagué la cantidad de 35 pesos para que el chofer me dejara en el pueblo de Pisté, pero se durmió y yo me avivé, bajándome hasta Valladolid”.

Todo es cuestión de actitud, cuando se quiere algo, se logra”, fueron palabras de Juan Chi, mientras reía de tal forma que se formaban dos hoyuelos en sus mejillas y contagiaba a sus compañeros de banca con su buen humor, al comentar que recurrió nuevamente a “aventones” para llegar a este municipio.

“Empezar algo nunca ha sido fácil y menos si para el comienzo no se cuenta con la vista, pero no hay imposibles, sólo los que tú mismo te pongas, yo decidí no tener ninguno”, dijo el hombre con 38 años de vida, quien vive sólo a dos cuadras de la Clínica Nazareth y se traslada todos los días al parque Las Palapas para ganarse la vida a través de sus manos.

Aprendio con ayuda

Considera que sólo fue cuestión de aprenderse las rutas, ya que pide ayuda a las personas que están en los paraderos, para que hagan la parada a la camioneta de la ruta 7.

Del miedo no se vive y mucho menos se es feliz”, es por ello que el hombre disfruta de cada día sin perder la sonrisa del rostro. 

“Es sorprendente la valentía que tiene para andar siempre sólo, yo quisiera saber como él, andar en camiones y combis, que no es nada sencillo”, fue lo expresado por Florencia Silveyra, directora de la Fundación Manos Especiales Cancún, e integrante de este grupo de masajistas.

“Todos necesitamos en algún momento de ese apapacho que requiere el cuerpo y por ende el organismo”.

Tras ser diagnosticada hace 13 años con la enfermedad de retinosis picmentaria, un padecimiento con el que paulatinamente se pierde el sentido de la vista, Silveyra perdió completamente la visión en 2011 y desde entonces lucha por la inclusión.

“En Cancún se necesita dignificar a la gente con algún tipo de discapacidad, todos somos valiosos y eficientes por igual”, ese es el estandarte con el que Silveyra trabaja como masajista diariamente.

Destacó que los servicios que ofrecen a un costado del parque Las Palapas, pueden prevenir diversas enfermedades originadas por el estrés. 

Una historia diferente

En el grupo también se encuentra Mauro Hau Puc, quien a pesar de tener una historia diferente al no presentar discapacidad visual, sigue siendo ejemplo de esfuerzo y lucha, ya que se gana la vida desempeñando el mismo oficio de Silveyra para solventar los gastos de su bachillerato, sin que el retraso psicomotriz que presenta lo limite.

Diariamente se traslada desde la Región 101 al Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (Cbtis 111), y al concluir sus clases, labora de las 16 a las 24 horas como masajista todos los días. 

Todos son integrantes de la primera generación del curso Terapia Spa, impartido por la Confederación de Trabajadores de México CTM a personas invidentes y del que se graduaron a principios de este año.

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