21 de Octubre de 2018

No hacen justicia a “Las Sufragistas”

La guionista Abi Morgan emplea personajes ficticios, junto con unos cuantos reales, para contar su historia.

La fotografía es buena y la recreación de la Inglaterra de principios del siglo XX es efectiva. (Contexto/Internet)
La fotografía es buena y la recreación de la Inglaterra de principios del siglo XX es efectiva. (Contexto/Internet)
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Por Rafael Destúa

El cine ha retratado la liberación de esclavos y la búsqueda de igualdad de todas las razas, pero hasta ahora ignoró -en general- que hace apenas un siglo, las mujeres eran ciudadanos de segunda, que no sólo no podían votar, sino que carecían de otros derechos. La lucha por esos derechos tuvo distintos frentes y “Las sufragistas” nos cuenta lo ocurrido en Inglaterra, pero la directora Sarah Gavron no convence en su homenaje.

Es 1912 y el futuro de Maud es una montaña de ropa por lavar y planchar, la misma vida que tiene desde su infancia en turnos de doce horas. El encuentro con un grupo de mujeres activistas, que tras 50 años de ser ignoradas en su exigencia del derecho a votar escalaron su lucha al vandalismo, le cambia su perpectiva de vida, y a través de sus ojos vemos ese movimiento histórico. 

La guionista Abi Morgan emplea personajes ficticios, junto con unos cuantos reales, para contar su historia, pero el tratamiento que les da a unos y otros es un tanto superficial, lo cual le quita poder a la narración. No sería problemático eso de no ser un drama -donde los personajes resaltan más- y porque Gavron deja la impresión de que recortó su historia. En sí Gavron tiene una narrativa desigual, pues es buena en algunas secuencias dramáticas que impactan, pero no convence en las que implican acción física; la tensión e interés que consigue en las primeras, se pierde en las segundas. 

Si contextualizamos la película a la realidad que estamos viviendo hoy día con el activismo violento, también altera su contenido pues pareciera que justifica la violencia ante la “conspiración” gubernamental, devaluando el filme, que no causaría mucho impacto de no ser por Carey Mulligan, quien da vida a Maud y logra una sensacional interpretación casi minimalista, que vale la pena verse muy por encima del secundario de Helena Bonham Carter y el cameo de Meryl Streep, una estrategia mercadotécnica demasiado obvia. Anne Marie Duff, Grace Stottor y Romola Garai dan buenas interpretaciones también.

La fotografía es buena y la recreación de la Inglaterra de principios del siglo XX es efectiva, también la música es digna de mención. Lamentablemente, el efecto general ante la valiente hazaña de las sufragistas históricas es que este homenaje se queda corto. 

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