21 de Noviembre de 2018

Opinión QRoo

Nos dejaron solos

En uno de sus libros, Pat Robertson cuenta la historia de Kara, una muchacha adolescente...

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En uno de sus libros, Pat Robertson cuenta la historia de Kara, una muchacha adolescente, a cuyo favor dictaminó un juzgado de California cuando ella presentó una demanda contra sus padres, que le habían restringido libertades. Sus padres le habían obligado a tomar clases en casa (home-schooling), y a que dejara de ver a una serie de amigos. ¿La razón? Había sido sorprendida seis veces robando en tiendas, y ellos la habían sorprendido cuatro veces consumiendo drogas. Pero los abogados de las agrupaciones de libertades civiles le ayudaron, y pudo seguir viendo a sus amigos que estaban en libertad condicional por diversos delitos. Hoy, en México, ya comienzan a surgir los juicios contra padres “opresivos” que no dan libertad a sus hijos para que hagan lo que quieren. O, los solapan para que violen las disposiciones y se rebelen contra la ley. Con tanta política nefasta que ha ido permeando poco a poco en la sociedad, que un maestro no se atreva a imponer orden en su clase, y que no se le ocurra dar un reglazo en el escritorio conminando al silencio como se hacía antaño, porque se la verá con unos enfurecidos padres de familia, qué, asesorados por organismos de derechos humanos, le harán la vida imposible, y de ser posible, le arrebatarán su trabajo.

El colmo de la necedad lo ilustra el caso surgido en 2014 en Sonora con el niño Axan, a quien su madre y una abogada defendieron porque “se le impedía” la entrada al plantel por su pelo más largo de lo permitido por el reglamento. ¿Qué pensar de una madre que, por capricho, incita a su hijo a no acatar las disposiciones de un colegio al que por voluntad propia la mamá decidió inscribirlo? Cuando sea mayor, ¿al muchacho le estará permitido no acatar otras disposiciones dictadas por el poder judicial del que forma parte el juez que dictó sentencia contra el colegio y a favor del muchacho? Una necedad así puede tener consecuencias muy perjudiciales para la madre por las enseñanzas que su capricho dejó al niño. Cuando eso suceda, ¿le acompañarán quienes festejaron la decisión judicial a su favor? ¿O dirá ella algo similar a lo que dijo el padre de Kara, la joven de California? Tras ver embarazada a su hija, abandonada por el padre de la criatura, y por quienes le ayudaron a emanciparla de su hogar, el padre de Kara dijo: “Nos dejaron (solos) con la responsabilidad de ayudar a nuestra hija a recoger los pedazos de su vida.”

 

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