23 de Junio de 2018

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Las emisiones de gases contaminantes crecían a razón de 4.5 por ciento en la década de 1960...

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Las emisiones de gases contaminantes crecían a razón de 4.5 por ciento en la década de 1960, pero 30 años después se habían reducido al uno por ciento, antes de volver a incrementarse hasta alcanzar el 5.9 por ciento en 2010. En 2014 el Panel Intergubernamental de Cambio Climático admitió el crecimiento de las emisiones de dióxido de carbono en la manufactura de productos que se comerciaban a través de las fronteras. Algunas naciones desarrolladas han logrado reducir la emisión de gases contaminantes, mientras naciones en vías de desarrollo las han incrementado. Los resultados son engañosos. China, por ejemplo, hacia 2007 era responsable de dos terceras partes del incremento en la emisión de gases conforme dotaba de infraestructura a su población. De acuerdo a un estudio el 48 por ciento de esa contaminación era producto de sus manufacturas de exportación, gran parte de ellas producidas por compañías transnacionales.

La ortodoxia económica era que se debía permitir a las empresas multinacionales crecer a costa de la explotación laboral, como en México, Centro América, Corea del Sur, y, eventualmente, China, que, con una mano de obra sumamente barata y un constante crecimiento en infraestructura, era el lugar ideal para la maquila, porque los lugares de mano de obra barata difícilmente hacen algo para contrarrestar la contaminación, ya que eso tiene un costo, y se trata de mantener la producción con los costos más baratos. Los lugares de mano de obra barata son sinónimo de lugares con pocas restricciones ambientales, pues ahí las fábricas difícilmente implementan las medidas anticontaminantes que en sus países de origen son obligadas a cumplir. El lucro desmedido de las grandes compañías daña el medio ambiente, y la gente sufre. Sufren quienes dependen del agua de ríos contaminados, quienes tienen que usar productos inadecuados, inseguros o contaminantes porque hay que mantener los precios bajos, sufren quienes ven a su fuente de empleo desaparecer cuando las compañías se van porque en otros lados como India o Bangladesh la mano de obra ya resulta más barata. Un mundo en el que se depreda al medio ambiente y se explota a quien no tiene nada, es el paraíso para las empresas ávidas del lucro desmedido a costa de todo, y de todos.

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