23 de Septiembre de 2018

Opinión QRoo

Un elefante blanco en Uxmal

Hace aproximadamente treinta años, cuando se inauguró la unidad de servicios de Uxmal...

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Hace aproximadamente treinta años, cuando se inauguró la unidad de servicios de Uxmal, se asignó al INAH un área en donde se montó un museo de sitio, el cual después de varios años de funcionamiento no fue posible renovarlo a partir de haberse realizado el mantenimiento de la unidad.

El espacio se habilitó nuevamente como sala de exposición fotográfica, cuya temática se renovaba cada tres o seis meses. Así funcionó durante tres años, pero hace alrededor un año, me convocó el director de Cultur con el fin de realizar un proyecto para actualizar el museo de sitio de Uxmal. Nos sumamos a este “proyecto innovador” y durante dos meses nos dimos a la tarea de realizar el guión museográfico, integrar la información relacionada con el asentamiento, su entorno natural, los rasgos y los elementos arquitectónicos que definen los estilos con los que se identifica la región Puuc, las características de aprovisionamiento de agua que hicieron posible el florecimiento y el auge de la gran urbe de Uxmal.

En relación con la astronomía, se integró un tema relacionado con la Vía Láctea, la cual se hace presente durante la primavera en Uxmal para anunciar las actividades relacionadas con la agricultura.

Por medio de una síntesis se menciona a los primeros viajeros exploradores que visitaron Uxmal y la relación de arqueólogos que con su trabajo han logrado la conservación de este importante asentamiento que en 1996 fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

Toda esta diversidad temática va dirigida al visitante para complementar la experiencia de su visita.

La empresa contratada para integrar la información del guión a pantallas touch para desplegar los textos en maya e inglés y con narraciones en español incurrió en errores, los cuales fueron señalados en su momento y que después de diez meses no han sido corregidos.

Entre los faltantes se incluye el pago a los arqueólogos auxiliares que inspeccionaron la construcción del andador que da acceso a la zona arqueológica.

Este intento hasta hoy fallido ¿tendrá que ver con la falta de experiencia y visión de los funcionarios que plantearon el proyecto? Muy sintomático el hecho de que a tiempo se pagó a la empresa por su “trabajo”, pero no a los especialistas locales, lo que se puede interpretar como una acción discriminatoria. Pueden ser muchas las razones por las que hoy tenemos un elefante blanco en Uxmal.

El PA’ABU’UL

 

Pa’abu’ul significa romper el cántaro. Es una práctica anual que se realizaba en varios pueblos de Yucatán, pero hoy solamente se conserva en Teabo. Previo al día de Pa’abu’ul los niños y jóvenes del pueblo se dedican a pescar culebras, iguanas y ratones de campo, los cuales son depositados en un cántaro que luego se sella para que los animales no salgan. En algunos cántaros a veces se ponen avispas o harina para que al romper el barro el individuo se cubra de polvo o corra para evitar las picaduras de las avispas.

El día de la fiesta los cántaros se trasladan a la plaza, en donde los participantes motivan a las personas a que con la ayuda de una madera rompan las vasijas una a una como si fueran piñatas.

Cuando se rompen los cántaros los animales caen y se meten entre la gente que corre asustada, aunque algunos los pescan y los ayudan a orientarse y salir de entre la multitud.

En ocasiones una charanga ameniza el evento que entre gritos y chiflidos se va animando. En el pa’abu’ul participan niños, jóvenes y adultos de la comunidad.

Este evento representa la lluvia y la caída de estos animales se relaciona con las divinidades asociadas con el sagrado líquido.

 

El Pa’abu’ul se realiza para afinar los ciclos agrícolas, los mayas esperan la aparición de las Pléyades en la madrugada el día del solsticio de verano, entre el 20 y el 22 de junio. Las pléyades, también conocidas como Las Siete Hermanas, son un cúmulo estelar de la constelación de Tauro y es el más cercano a la tierra.

Los mayas prehispánicos y los abuelos conocen a las pléyades como Tzab kan, que es el crótalo de la serpiente de cascabel. La aparición de Tzab kan a las cuatro de la mañana en el punto en el que va a salir el sol el día del solsticio de verano es indicador de que habrá buena cosecha.

De allí que la ceremonia del pa’abu’ul se asocie con el solsticio de verano y con el anuncio de la buena cosecha. También se entiende como una ceremonia para solicitar la gracia de los dioses para proveer lluvia buena y abundante para lograr la cosecha de maíz.

La ceremonia se ilustra en los códices de Madrid y Dresde, en donde se observa a una anciana sosteniendo un cántaro de donde emergen abundantes chorros de agua para fertilizar la tierra. Las serpientes son símbolos de agua que la embalsan con personajes o chaaco’ob, patronos que cuidan de ella.

La mítica Tsuk Can

El nombre Tsuk Can es un término del maya yucateco que se compone de los vocablos Tsuk, que significa barba, copete, coleta, crines, cabello largo de caballo (u kilim tsimin) y kan, que significa serpiente o cielo. Entonces Tsuk Can se traduce como serpiente con crines, copete, coleta o cabello largo.

Este término se relaciona con la narración del Sr. Rosendo López, nativo del poblado de Abalá, Yucatán. Un día, después de una jornada de trabajo algo cansada y calurosa, decidimos ponernos a la sombra para tomar el aire fresco, y entre la plática, al tocar el tema de los cenotes, don Rosendo saca de su vivencia familiar relatos de su abuelo don Graciano López y vivencias de su hermano menor, llamado Paulino López. La familia López vivía cerca del cementerio de Abalá y del cenote Yoo’ha’, que significa, sobre agua.

Rosendo nos comenta que, a la edad de doce años, Paulino asistía a la escuela todas las mañanas y de regreso, alrededor del mediodía, antes de comer se iba a bañar al cenote Yoo’ha’, lo cual se convirtió en una actividad cotidiana del rapazuelo.

La mamá de manera constante le llamaba la atención al muchacho y le advertía que no fuera tan seguido al cenote porque lo podrían asustar, pero Paulino nunca hizo caso de la advertencia.

Un día, cuando Paulino llegó al cenote y se quitó la ropa y se tiró al agua, al mirar hacia el fondo de la oquedad, en donde había una piedra grande y plana como del tamaño de una mesa, vio sobre ella una cruz que brillaba; eso asustó al imberbe que salió corriendo de la cueva y se dirigió a su casa para contarle a la mamá lo que había visto.

La respuesta de la madre fue la advertencia a Paulino de que no fuera más al cenote, pero era un muchacho muy terco y le insistió a la mamá que lo acompañara al sitio y viera aquel cristo. Convenció a la señora y fueron, mas no vieron nada.

Nuevamente la mamá insistió en que Paulino no regresara al cenote, pero el joven otra vez, haciendo caso omiso, nuevamente volvió al cenote y estando dentro del agua oyó un sonido como si se rompieran grandes burbujas de agua en el interior, pero a él no le importó y siguió bañándose; de repente voltea a ver y del agua ve que emerge una cabeza de caballo con pelos en la parte posterior. Se dijo que ese animal no estaba cuando entró al cenote. Presa del miedo salió del agua y entonces vio que el animal con cabeza de caballo tenía cuerpo de serpiente. Aterrorizado, salió corriendo del cenote, llegó a su casa y le dijo a la mamá: Vi una culebra pero tiene cabeza de caballo y pelos en la garganta, como el caballo kilin.

Nuevamente es reprendido y le pide a su mamá que lo acompañara a ver el caballo y a recoger su ropa que había dejado en el cenote. La señora no quiso ir entonces, pero le ofreció que cuando las vecinas fueran en la tarde por agua irían ella y Paulino; de allí se abastecía de líquido vital la gente de ese sector de Abalá. Llegaron al lugar y no vieron a la serpiente, pero allí estaba la ropa de Paulino, quien ya nunca más regresó a bañarse al cenote.

La gente del poblado de Abalá dice que el cenote Yoo’ha’ tiene vida y tiene dueño.

 

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