14 de Noviembre de 2018

Opinión QRoo

CdMx: digitalizar el paleolítico

El chilangocentrismo, ese vicio tan arraigado, podría encontrar buenas razones de ser...

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El chilangocentrismo, ese vicio tan arraigado, podría encontrar buenas razones de ser en algunas de las apuestas de Claudia Sheinbaum. A ratos, da la impresión de que esta ciudad se mueve en tiempos muy distintos a los del resto del país, al menos en el plano de gobierno, y es que mientras por un lado se piensa en refinerías, que son como pensar en una revolución tecnológica basada en el fax, o en ayudar a la CNTE a regresar por sus fueros —a propósito, parece que van a tener que apurarse, porque ya avisaron los profes que se van a las barricadas si no les cumplen—, por aquí se anuncian una Secretaría de Movilidad, que quedará bajo los cuidados de Andrés Lajous, y una Agencia de Innovación Digital, que encabezará José Merino.

Suena bien. Lajous y Merino comparten un perfil ajeno a los usos y costumbres de la política chilanga y de Morena: se formaron en la academia, las redes y los medios; tienen una formación universitaria que respalda sus nombramientos; son jóvenes, y no tienen un pasado político que los haga sospechosos. Además, atienden a asuntos urgentes: fundamentar y de ser posible endulzar el milagro de que los chilangos podamos trasladarnos, en un caso, y permear de tecnología a un aparato de gobierno que tiene aún muchas carencias en ese terreno, en el otro.

Pero comparten otra característica: se van a topar con el paleolítico.

En el caso de Lajous es claro por qué. Aunque avisó, de entrada, que se concentrará en que empresas como Uber o Cabify transparenten sus dineros, es evidente que tarde o temprano va a tener que lidiar con las redes de microbuseros; con las de taxis pirata, que todavía andan por ahí; con las de taxistas no piratas pero con vocación de corsarios, lo mismo las del aeropuerto, que las de las bases, que las de los que van por la libre; o con los tráileres, esos que se lanzan por Constituyentes, a las 12 del día, en plan Mad Max. Eso, en el contexto de una ciudad en la que todos nos movemos a cara de perro, desde el del Mercedes con escoltas hasta los ciclistas, que tienen la extraña certeza de que van a salvar al mundo mediante el exterminio de peatones.

Pero a Pepe Merino le esperan sorpresas no mucho más agradables. La Agencia atenderá a asuntos muy diversos, entre ellos a acopiar y organizar información que debe ser útil para gobernar, una especialidad de su titular. Pero luego vienen los asuntos más delicados, esos que el propio Merino engloba en el rubro “Gobierno Abierto”. ¿De qué se trata? De que todo el dinero que entre o salga del gobierno tenga un “rastro” digital. Es decir, de lo que, en gran medida, es un mecanismo para luchar contra la corrupción. ¿Cómo se le va a dejar ir el paleolítico? No es difícil imaginarlo. Esta es la ciudad en que el hombre de confianza de un delegado es agarrado con muchos, muchos miles en efectivo. La ciudad del flujo de cash en terrenos como el ambulantaje o, de nuevo, los taxis piratas. La del delegado que amenaza a un desarrollador que no quiere darle una mordida. Ah, sí: y la del fideicomiso para la reconstrucción, que, recordaremos, fue a dar a donde fue a dar… En efectivo. A esa ciudad no le va a gustar que le amarren las manos.

La mejor de las suertes para ambos, Pepe y Andrés. La van a necesitar.

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