20 de Septiembre de 2018

Opinión QRoo

Las “incontrolables” redes sociales

Como fuego a través de la galaxia, la venganza transformó al ejército de bots, en uno de cruzados digitales...

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Las benditas redes sociales dejaron de serlo. Como fuego a través de la galaxia, la venganza transformó al ejército de bots, en uno de cruzados digitales en busca de mantener la pureza del movimiento de transformación. El líder, preocupado por su imagen, no pude hacer nada pues considera que el mundo digital es implacable, cierto, y por ende incontrolable… pero esto no es tan cierto.

 

Las semanas pasan desde la elección del 1 de julio y los ánimos siguen caldeados. Desde todas las redes sociales se siente aún que las diferencias políticas definen nuestros tweets y estado de ánimo digital. Por un lado se llama a aceptar el resultado de la elección, y del otro, a no dejar que el ganador se sienta todopoderoso gracias a que ganó el “carro completo”, ahora llamado “voto parejo” para disimular su corte autoritario.

 

Este debate sin fin ha llevado a muchos a pedir calma y un pronunciamiento de los principales protagonistas de las campañas, pero a lo mucho, son sus agoreros quienes se han expresado, y siempre bajo la idea de que las redes sociales no se pueden controlar, ni llamar a la mesura. Vamos, que para contener al monstruo que crearon, no tienen palabras.

 

Sin embargo, la idea de una red social sin freno no es del todo certeza. Primero, identificamos que el problema la mar de veces está en los usuario y no en los movimientos per sé. ¿Qué motiva las campañas de descalificación a cartonistas, reporteros y columnistas que expresan sus dudas contra el próximo gobierno? Con la pena para el pequeño conspirador que llevamos dentro, la respuesta es muy sencilla: nuestro timeline.

 

Una curiosidad que refuerza nuestra idea, es que la gran mayoría de los usuarios de redes sociales no es capaz de notar que, tristemente, la información sesgada sobre la política mexicana (y cualquier otro tema) llega por nuestra culpa, ¿por qué? Porque sólo seguimos a quienes piensan como nosotros: le damos “unfollow” a quienes critican al supremo líder en turno; no compartimos información que no sea la que se amolde a nuestra visión de la realidad, aún cuando sea cierta. En otros palabras, sí ejercemos control sobre la redes, pero sólo para beneficiar nuestra ortodoxia.

 

No olvidemos que todas nuestras decisiones en las redes sociales son, válganos la redundancia, nuestras. Ostentamos el control no sólo de lo que publicamos, también de lo que leemos, de los anuncios y el contenido, pues eso siempre fue, es y será el encanto de Twitter, Facebook, Instagram, YouTube y demás aplicaciones sociales: el mando está en nosotros, no como en los medios electrónicos tradicionales donde sólo apagando la TV o la radio, dejamos de ver y escuchar lo que no nos gusta, pero también lo que nos agrada y enriquece.

 

Por ende, a través de una limpieza al timeline, descubriremos que ‘mágicamente’, la difamación y encono ya no van a estar ahí, y entonces, por fuerza de la costumbre, “le bajaremos dos rayitas” a ese sentimiento complotista y peleonero que traemos desde el 2 de julio.

 

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