Cuando los barcos vuelen

Una tarde de verano del lejano 1974, en la banda de estribor del buque escolta “Cuitláhuac”...

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Una tarde de verano del lejano 1974, en la banda de estribor del buque escolta “Cuitláhuac” atracado en el muelle de la base naval de Acapulco, un grupo de marineros recibíamos una academia sobre artillería y en algún momento de la plática un compañero preguntó al instructor, un primer condestable, cuándo nuestra Armada tendría portaaviones. La respuesta fue tajante: “Cuando los barcos de Estados Unidos vuelen”. Broma aparte, hacía alusión a la brecha entre nuestro país y el vecino en materia de tecnología naval, que a más de medio siglo poco se ha acortado.

Y es que, por entonces, el mayor proveedor de buques de la Marina mexicana era EU, ya sea malvendidos o donados. Se formaban entonces comisiones receptoras para traer desde su “cementerio”, en San Diego, lotes de buques, como la veintena de dragaminas usados en la II Guerra Mundial, que fueron convertidos aquí en guardacostas.

La anécdota viene a cuento porque, el pasado martes, el presidente López Obrador dijo que quiere desaparecer la Iniciativa Mérida y que los recursos que recibía México del gobierno estadounidense para cooperación militar se destinen al desarrollo y la creación de empleos. “No queremos helicópteros artillados, no queremos recursos para otro tipo de apoyos militares, lo que queremos es producción y trabajo para México y Centroamérica”, precisó.

La Iniciativa Mérida se gestó en el sexenio de Calderón, antes que tomara protesta como presidente, durante una reunión el 8 de noviembre en la Casa Blanca con el presidente George W. Bush, a quien planteó el tema que marcaría su sexenio: la lucha contra el crimen organizado. El 12 de marzo, ya como presidente, Calderón selló con Bush el pacto en Mérida, de ahí el nombre de la Iniciativa. Se trataba de un capítulo histórico de cooperación y reconocimiento de las responsabilidades compartidas de ambas naciones, con el fin de contrarrestar la violencia ocasionada por las drogas que amenazan a ciudadanos en ambos lados de la frontera. La iniciativa continuó en los gobiernos de Peña Nieto y Barack Obama.

Sin embargo, ahora con Donald Trump y López Obrador en el poder, cada país lleva a cabo acciones divergentes, pues mientras para EU la inseguridad y la violencia son cuestión de seguridad nacional, para AMLO son tema de seguridad ciudadana, afectada por causas socioeconómicas: “Si no había trabajo ni bienestar, se dejaba a los jóvenes en manos de la delincuencia, a nosotros nos importa el enfoque del desarrollo, la producción, el trabajo, la atención a los jóvenes, el bienestar”. Además, sostiene que tampoco es necesaria la cooperación en capacitación por parte de EU para militares mexicanos, pues el Ejército y la Marina tienen  capacidad suficiente para este tema. ¿Qué dirán los secretarios de Sedena y Marina, quienes parte de su preparación la recibieron en el extranjero, y particularmente en Estados Unidos?

Sin duda la visión del Gobierno de la 4T complica e impide una apuesta común de planes de acción en materia de seguridad, como fue el espíritu de la Iniciativa Mérida. A ver qué responde Trump.

Los apoyos a México

Para dar una idea de la importancia de la Iniciativa Mérida, según datos de la embajada estadounidense, hasta 2017 Estados Unidos había entregado a México alrededor de mil 600 millones de dólares, vía donación de aeronaves y equipo, transferencia de tecnología y capacitación, de un total de dos mil 300 millones de dólares asignados en casi 10 años a la Iniciativa Mérida.

Los principales receptores fueron: Ejército, Armada, Policía Federal, Procuraduría (hoy Fiscalía) General de la República, Servicio de Administración Tributaria (SAT), el Instituto Nacional de Migración, el Poder Judicial e incluso gobiernos estatales.

Entre los bienes recibidos figuran: helicópteros, aeronaves de vigilancia, vehículos con escáner y otros equipos de inspección, incluidos perros entrenados.

Además, el proyecto contemplaba capacitación a funcionarios judiciales para la transición al sistema penal acusatorio y oral, así como infraestructura requerida para poner en marcha este nuevo modelo, aprobado por México después de la entrada en vigor de la Iniciativa Mérida. Washington también impulsó los temas de vigilancia en el sur de su frontera, operaciones de inteligencia, profesionalización de la Policía, reforma penitenciaria, seguridad fronteriza, control migratorio y trata de personas.

Sin duda una buena iniciativa que se pierde.