19 de Agosto de 2019

Opinión QRoo

AMLO entiende a Quintana Roo

Importantes noticias para Quintana Roo, desde su inicio, trajo la gira presidencial...

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Importantes noticias para Quintana Roo, desde su inicio, trajo la gira presidencial por nuestra entidad: se entendió que a petición del gobernador Carlos Joaquín González, Quintana Roo contará con gas natural a través de un ducto que lo surtiría desde Tuxpan; el tramo del Tren Maya correspondiente a Quintana Roo significará una inversión de 40 mil millones de pesos y el establecimiento de una llamada zona libre en Chetumal es una decisión tomada y no solo una promesa, que se concretará el próximo año, una vez finalizada la reconversión de la frontera norte.

No hemos dudado aquí en criticar las decisiones económicas del presidente Andrés Manuel López Obrador que en tan poco tiempo han afectado a la economía y sus perspectivas de crecimiento, pero las posibilidades de desarrollo que generan sus polémicos proyectos, sobre todo en el ancestralmente olvidado sur-sureste del país, como su emblemático Tren Maya pudieran ser mucho mejores, interés regional que, según anunció, traerá beneficios concretos a la región y en particular al estado.

Ayer, al iniciar su gira por Quintana Roo en Tulum, lo dejó meridianamente claro: a pesar de los celos que le han manifestado en el centro, el Bajío y el norte del país, el ha respondido a los críticos que la atención para el desarrollo ha estado puesta siempre en la parte de arriba del mapa, más la de abajo, a pesar de los cuantiosos recursos que aporta –señaló al petróleo y el turismo–, ha permanecido el abandono.

No es solo porque, de manera por demás natural y hasta obvia, un gobernante suele hablarle bonito al anfitrión (a Quintana Roo, en este caso), sino porque en verdad conoce muy bien, al detalle, diríamos, las cuitas regionales. Al referirse al petróleo –no olvidemos que es tabasqueño y en sus mocedades, en sus luchas, hasta tomaba pozos en actos de protesta–, como una fuente de riqueza que ha significado el sostén económico del México moderno, hizo una defensa de los tres estados productores del Golfo (Veracruz, Tabasco y Campeche).

Pero cuando habló de turismo demostró tener muy clara la importancia de la actividad para la economía de México, lo que por cierto parecía no ser así con sus primigenias decisiones, como la de desaparecer el Consejo de Promoción Turística de México, aunque al parecer no fue una ocurrencia. De ninguna manera es un experto, ni mucho menos, pero por lo menos, entre lo mucho criticable, podemos vislumbrar planes.

Tranquiliza un poco saber que por lo menos hacia la industria turística hay conocimiento e interés, y aunque la remembranza del filósofo Jürgen Habermas es meramente casual, no podemos evitar pensar que tal vez con las estrategias anteriores hayamos actuado solo como capitalistas tardíos –neoliberales, diría Andrés López– y que lo que él propone, como lo hizo el de la escuela de Frankfurt –guardando todas las proporciones: es una analogía retórica–, es construir el discurso y las ideas desde el trabajo, y no al revés, diseñando así las políticas públicas a partir de ahí. A eso parece referirse cuando asegura que la “cuarta transformación” se hará desde abajo.

Del Tren Maya, de cuya redefinición fueron presentados los detalles, el lector encontrará abundantes noticias: nosotros solo reiteramos lo que hemos dicho: no se trata de un proyecto rentable sino subvencionado, aunque Quintana Roo, donde estará el único tramo realmente rentable del proyecto, sin duda podrá sacar invaluables beneficios, precisamente vía subsidiariedad.
Como que ya toma más forma lo que antes parecía un epítome de disparates. Moderado optimismo, pues, podría dejar esta visita. Habrá que celebrar cada logro, lamentar cada incumplimiento o lamentar cada fracaso, según sea el caso.

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