20 de Octubre de 2018

El 'apostador', un hombre que no conoce límites

El personaje principal del filme apuesta por la autodestrucción y el existencialismo; es capaz de poner todo en riesgo.

Jessica Lange y John Goodman actúan en este largometraje. (Redacción/SIPSE)
Jessica Lange y John Goodman actúan en este largometraje. (Redacción/SIPSE)
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Por: Rafael R. Destúa

Trascender se considera el objetivo de muchos artistas, ser recordados por su obra, sus mensajes, la forma en que ven la vida; sin embargo es un deseo humano en general, pues buscamos vencer a la muerte a través del recuerdo que dejamos en otros, o incluso, con el legado de nuestros hijos. “El apostador” no cree en eso, él apuesta por el existencialismo y la autodestrucción, aunque seguramente termine ganando el olvido.

Luego de ser considerado uno de lo más prometedores novelistas de Estados Unidos, Jim Bennett es ahora un profesor universitario sin nuevas publicaciones. Futuro heredero de una fortuna, conduce un auto de lujo y luce elegantes trajes en una muy cuidada imagen que refleja al autodestructivo fracasado que por las noches se endeuda con mafiosos.

Un libreto del autor de “Los infiltrados”, William Monahan, y dirigido por Rupert Wyatt (“Planeta de los simios: Revolución”), actualizando un filme de culto de 1974, suena atractivo para cualquier cinéfilo. Sumemos el estelar de Mark Wahlberg, con secundarios de Jessica Lange y John Goodman y tenemos una fórmula irresistible... que no cuaja.

Wyatt da buen ritmo narrativo a la película pero no empata el libreto intelectualoide de Monahan (lleno de Shakespeare y Camus) con la imagen de Bennett -de comercial de perfume caro-; cuando su mejor alumna descubre su doble vida y decide rescatarlo, pero también luce como modelo de comercial de perfume caro, toda pretensión de intelectualidad de la cinta desaparece.

Tampoco logra que nos interesemos en un personaje empeñado en una lenta e idiota forma de suicidio, pues no justifica su comportamiento.

En teoría, un drama como éste es ideal para que se luzcan los actores, pero en éste caso sólo los veteranos como Lange y Goodman rescatan algunas escenas. Wahlberg, aún con buenos roles, carga con el problema de la imagen que le dan y no es un erudito profesor de literatura creíble; quizá un mafioso con los que trata, pero no un escritor.

Buena edición y fotografía interesante evidencian la esperanza de los productores de tener aquí una contendiente de los Oscar, pero se queda muy lejos.

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