25 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

Pescador anhela regresar al mar

Llega al muelle para atrapar peces para vender, ya que no cuenta con un trabajo.

Don Marcos Basto Basto, mejor conocido en Puerto Juárez como "La Chaya". (Victoria González/SIPSE)
Don Marcos Basto Basto, mejor conocido en Puerto Juárez como "La Chaya". (Victoria González/SIPSE)
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Victoria González/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Las historias de barcos no sólo son de “piratas”, también de quienes por muchos años dedicaron su vida a la pesca, donde su hogar era un buque a mitad de la nada y a millas de la tierra, pues pasaban más tiempo en el agua que en sus hogares, como es el caso de don Marcos Basto Basto mejor conocido en Puerto Juárez como ”La Chaya”, de 75 años y que aún espera regresar en altamar en un barco camaronero.

Eran las nueve de la mañana, cuando don Marcos, llegó en su bicicleta al muelle de camaroneros del puerto, como lo hace con frecuencia, a atrapar uno o dos kilos de peces para vender y poder contar con “dinero para comer y cosas  personales”,  pues no cuenta con un trabajo.

En la Terminal Marítima de Puerto Juárez, donde se encuentra el muelle de concreto armado con una pasarela de 34 metros de longitud por 4.20 metros de ancho y una plataforma de atraque de 29 metros, el pescador de antaño, entró para poder pescar a esos “pizcos gorditos que le proporcionaban unos cuantos pesos”.

Inició su vida en el mar

Al narrar su historia de cómo inició su vida en el mar, después de que dejó el box y ser buzo en la Isla de Alacranes en Yucatán, donde tuvo la primera pérdida de la mujer de la que pensó que sería su compañera de toda la vida, a causa de una enfermedad y  con la que concibió una niña que ahora adulta que radica en Puerto de Progreso, el marino decidió quedarse en la costa caribeña de Quintana Roo, pues en el año de 1940 dijo que fueron de las mejores épocas, pues más de 60 navíos que atracaban en el muelle descargaban más de 10 toneladas cada uno de camarones, langosta y pescados y tenía un buen precio.

Recordó que a sus 30 años, cuando zarpó por primera ocasión en barco camaronero, era la burla de todos los tripulantes, pues pensaban que no sabía nadar por su inexperiencia al tirar las redes y el manejo del barco. Con el paso de los años recordó con un rostro serio y una mirada firme al mar que tenia de frente, que de aquella tripulación sólo quedaron vivos su capitán y él.

Era el 14 de septiembre de 1988, cuando ya les había llegado por radio la notificación de regreso, por un huracán, lo que de inmediato se dispusieron hacer, porque ya notaban el “enojo del mar” con su grandes oleajes y algunas precipitaciones; con un suspiro recordó y expresó después de un apretón de labios, -era “Gilberto”, que nos estaba comiendo el barco y a cinco de mis amigos-  no importó tirar al mar “los aviones” (anclas) que a pesar de ser tan pesadas el barco no resistió y sólo fueron rescatados después por otro navío que había regresado a su búsqueda 

Dijo que durante la tormenta, la popa fue el refugio de ambos sobrevivientes, pues se agarraron tan fuerte que les rompió la piel del brazo, pero sabían que no querían perder la vida.

“Ese ciclón fue de los recuerdos más tristes de mi vida”. “Gilberto” fue considerado el meteoro que alcanzó y mantuvo durante días la categoría cinco, por lo que se consideró uno de los fenómenos naturales más devastadores en la historia moderna y que amenazaba con arrasar todo lo que estuviera a su paso.

Segunda esposa

En esa época “La Chaya”, ya tenía a su segunda esposa y dos hijos, por lo que en esos momentos sólo pensaba en ellos y de que necesitaba regresar para estar con ellos. Cuando recordó a su segunda pareja, dijo que fue una dama fuerte, ya que siempre estaba pendiente de las fechas en las que podía estar de regreso y lo esperaba en el muelle.

Dijo que “hay deudas a la vida y uno no se puede ir sin pagarlas”, en su buena época llegó a ganar miles de pesos, pero fue un “bebedor” que no le llevó a nada bueno, por eso aprendió que el ahorrar le hubiera servido ahora en su vejez. Años después del suceso en el mar, su segunda esposa también falleció por problemas de salud, nuevamente quedó viudo y a los pocos años hizo su vida con una mujer de la que no tiene muy buenos recuerdos, pues –“me quitó todo, yo ganaba hasta 30 mil pesos, construimos una casa bien bonita y ella no me esperaba cuando me adentraba al mar”. Llegó el grado en el que lo abandonó y por medio de demandas lo despojó de todo lo que tenía. Es así como desde ese entonces sólo tiene una pequeña casa y sin nadie. Es muy esporádica la visita de sus hijos y aún no se piensa alejar del mar de Cancún para irse con su única hija. Pues anhela poder regresar a lo lejos del mar azul y el cielo, ya que por su edad ya nadie lo quiere contratar para ir a pescar.

Dijo que la única ayuda que recibe es de los pescadores de las seis tripulaciones que quedan de los grandes barcos cuando llegan con toneladas enormes, lo hablan para que ayude a descargar y que le pagan por el trabajo. Después de dos horas, don Marcos se retiró dando gracias al guardia de la zona federal y atando su bolsa de pescados a su bicicleta se dirigió a su casa para lavar el marisco y poder venderlo.

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