17 de Noviembre de 2018

Quintana Roo

Preocupa abuso a menores de edad en zonas rurales

Son niñas que en algunos casos caen seducidas por personas cercanas sin que sus familias lo noten.

Las costumbres en zonas rurales evitan muchas veces que los casos de abuso en menores sean denunciados a tiempo.  (Javier Ortiz/SIPSE)
Las costumbres en zonas rurales evitan muchas veces que los casos de abuso en menores sean denunciados a tiempo. (Javier Ortiz/SIPSE)
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Javier Ortiz/SIPSE
BACALAR, Q. Roo.-  Los casos de Bertha una adolescente de 14 años de edad compartía el mismo techo con su tío Miguel Ángel; Silvia que a los 14 años se involucró con un hombre cinco años mayor, quien abusaba de ella; y de J.P.J., de siete años quien fue violada por su tío Juan Nicolás, son sólo algunos de los casos de menores abusadas en Bacalar.

El caso de Bertha generó una denuncia por estupro. Sin embargo, la joven terminó yéndose con su tío en cuanto éste salió libre, dejando una estela de incertidumbre para ambas familias.  Silvia se dejó seducir por Julio quien luego reconoció los malos tratos y las amenazas a las que sometía a la joven. Su condición de drogadicto y malviviente, sirvieron para mantenerlo alejado de la menor, con quien ya no mantuvo contacto, pues de otra manera corría el riesgo de caer preso. 

Ambas historias se suman a la pequeña J.P.J. de siete años de edad que fue objeto de abuso sexual por parte de su tío, Juan Nicolás, en la comunidad de Kuchumatán a mediados del mes de febrero pasado, tienen un común denominador que fue el descuido de las madres, que en la zona rural tienen bajo su cuidado y responsabilidad a las menores de edad por costumbre.

Para el comandante de la Policía Judicial en el municipio de Bacalar, Ramiro Ortiz Soto, resulta preocupante que estos casos sean tan sólo una mínima parte de los que trascienden a la luz pública por la arraigada costumbre machista que reina en el área rural por parte de los varones, y la actitud sumisa de las mujeres que en la mayoría de los casos se convierten en silenciosas cómplices de las vejaciones a las que son sometidas sus hijas.

Indicó que en la mayoría de los casos los familiares prefieren que “todo quede en familia, por evitar el qué dirán”, sin tomar en cuenta el daño psicológico y físico que le causan  a las pequeñas que habitan en las comunidades rurales.  Agregó que las madres que detecten alguna señal de abuso hacia sus hijos cuentan con todo el respaldo de la Procuraduría General de Justicia del Estado (Pgje) para apoyarlas en situaciones de este tipo.

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