24 de Septiembre de 2018

Opinión QRoo

Tantas leyes, ¿y los niños para cuándo?

Muchos pequeños se ven obligados a trabajar o mejor dicho son obligados a trabajar.

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Los niños son el presente y el futuro de México. Por ello debemos poner nuestra atención en la búsqueda de su bienestar y cuidado. Hace unos días se efectuó una reunión en la capital del estado donde se integró un comité para prevenir y erradicar la explotación infantil en todas su vertientes. En dicha reunión salió a relucir que en la entidad existen poco más de 19 mil menores laborando de manera general, es decir, con permisos de sus padres y otros simplemente son hijos de la calle.

Según el Inegi, 22.5 por ciento de la población de 5 a 17 años de edad trabaja porque se necesita el dinero en su casa; 23.3 por ciento lo hace para pagar sus estudios, 22.4 por ciento lo hace por gusto o sólo para ayudar con el ingreso de sus hogares y 13.5 por ciento por aprender un oficio.

 Por causa de la pobreza, muchos niños se ven obligados a trabajar o mejor dicho son obligados a trabajar. Los niños no están preparados para este tipo de esfuerzos físicos, dada la naturaleza frágil de su cuerpo y de su mente. Como consecuencia de diversas formas de trabajo infantil, millones de niños están expuestos a  peligros muy serios, sea por el trabajo en sí mismo o por el ambiente de trabajo que los rodea, y Quintana Roo no es la excepción porque es común ver a niños menores de 10 años en los polos turísticos vendiendo flores o dulces, la mayoría procedente de estados como Chiapas, Guerrero y Oaxaca.

Se entiende el trabajo infantil como “aquel que priva a los niños y niñas de su infancia, de su potencial y de su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y mental”. A la luz de esta compleja realidad, es necesario tener presentes los factores que inciden directamente en la ocurrencia del trabajo infantil: la desvalorización de la educación, la pobreza, la vulnerabilidad de los niños y niñas, los aspectos étnicos, culturales y/o sociales, la modernización y el consumismo. En este sentido, las peores formas de trabajo infantil se han transformado en una de las problemáticas más profundas a nivel país. Comprende a niños, niñas y adolescentes víctimas de explotación por parte de adultos, al ser insertados forzosamente en actividades económicas que les provocan un menoscabo físico, psicológico y moral. Por ello, el llamado urgente es a la sensibilización y acción para su erradicación inmediata. 

La explotación infantil sigue siendo un grave problema que pasa desapercibido por la sociedad y el Estado, ya que no se siguen o no existen protocolos efectivos para atender los casos de trata de personas. Entre instituciones tienen que trabajar de forma conjunta y no de manera aislada, como sucedió hace unos días con los famosos niños que “boteaban” en un punto de esta ciudad capital donde las autoridades empezaron a echarse la bolita de a quien le correspondía atender la problemática. 

Es menester contar con un marco jurídico sólido que fortalezca el cuidado de los niños, además de una vigilancia continua y permanente para evitar la explotación infantil. Es importante concientizar a los patrones para evitar la contratación de menores, cierto es que se ahorrarán algunos pesos, pero el daño que causan es invaluable e inevitable a estos seres que por su condición son vulnerables. Aunado a lo anterior, es necesario generar políticas públicas que generen una concientización social, ya que un niño que trabaja está siendo mutilado de una parte de su vida que jamás podrá recuperar. 

De acuerdo con la Ley Federal del Trabajo, está prohibido todo el trabajo que desarrollen las niñas y los niños menores de 14 años; y entre los 14 y los 16 años, la Ley establece condiciones específicas de protección para quienes desarrollen actividades de ocupación laboral. Aunque existen avances en la materia, los datos dan cuenta de una realidad profunda y compleja que es necesaria visibilizar y abordar. En ello juega un papel primordial la familia y la comunidad, quienes tienen la obligación de denunciar estos delitos a través de instituciones relacionadas al tema. La explotación infantil puede tomar diversos matices. 

En estados como Quintana Roo puede camuflarse de disciplina o de una falsa formación que se intenta dar al menor, pero la verdadera intención puede ser la explotación de los niños.

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