11 de Diciembre de 2018

Opinión QRoo

La trascendencia del voto

Es periodo de elecciones y es dable ponernos a pensar en nuestro sistema político e informarnos.

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Es periodo de elecciones y es dable ponernos a pensar en nuestro sistema político e informarnos de todas sus variedades que florecen en estos tiempos; donde quiera que vamos nos encontramos con alguna información al efecto, un flyer, un cartel, en la radio, televisión hasta en tribunales.

Dentro de la enorme turbulencia mediática, social, de pláticas de café y posiciones en redes sociales, con defensas y ataques, hay voces que invocan el buen sentido, la serenidad y la reflexión para las elecciones próximas, sobre todo los que llaman a razonar el voto. Lo único cierto en todo esto es el rechazo generalizado que existe a nuestro sistema político; en los últimos años cambian y cambian los gobiernos de una ideología u otra sin que veamos cambios reales y sobre todo directos para con la forma de vivir de millones de mexicanos y no de unos cuantos. 

La sociedad ve en los candidatos una falta de identidad con ellos, que sus programas no han sido redactados desde lo que verdaderamente les preocupa o simplemente candidatos que ya tuvieron su oportunidad de enmendar situaciones sociales, sin resultado positivo o ni siquiera se han plasmado en la realidad. 

Desde hace unos días las guerras sucias iniciaron y van desde los sarcasmos, las burlas sobre Peña Nieto, Obrador, Meade, y demás participantes locales y sus “deslices”, pasando por la descalificación hasta la mentira y la injuria extrema. Por esto hay que tener mucho cuidado al tomar la decisión del voto. La política se ha vuelto un “recicladero” al que llega quien no sirvió para nada más, cuando debería ser un escenario solo reservado para los mejores. 

Es sencillo: hay que ungir con el favor popular a los más preparados, honestos y competentes. La decisión está en cada uno de nosotros y solo requiere de un poco de voluntad y conciencia. No se puede incurrir en el error fundamentalista de señalar que no hay con quién ya que en toda la geografía nacional y desde luego estatal, hay muy buenos candidatos.

Existe además una guerra propagandística propia de los partidos políticos, sus organizaciones satélites y de los propios candidatos o aspirantes a serlo, pidiendo el apoyo primero y luego el voto para llegar a los comicios. A todo esto se agregan las campañas – abiertas o descaradas– de organizaciones de radio y televisión, prensa escrita y electrónica en la red, y grandes cantidades de opiniones de todo tipo, editorialistas, columnistas, “expertos” en mesas de análisis, conductores de programas al aire y sus invitados a dar sus puntos de vista.

En los medios masivos de comunicación se ha extendido la idea de que los partidos son territorios donde predomina la corrupción y la ineficiencia. Muchos creen que los políticos deben ser castigados por haber dado la espalda a la ciudadanía y por ocuparse solamente de sus intereses. En esta generalizada desconfianza de la política confluyen los indignados que protestan por el desempleo, los que esperan que la democracia solucione los problemas del desarrollo económico. Ciertamente en muchos lugares del mundo hay una clase política de baja calidad y partidos llenos de basura que hacen pensar que es inútil el ejercicio del voto.

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