20 de Septiembre de 2018

Riviera Maya

Hallazgo arqueológico puso a Q. Roo en la mira del mundo

Los restos de la joven de 15 años fueron encontrados en mayo de 2014, en el cenote de Hoyo Negro.

El eslabón perdido en la historia del hombre americano, como fue llamada la joven de 15 años, fue encontrada en el cenote Hoyo Negro. (Cortesía/El Financiero)
El eslabón perdido en la historia del hombre americano, como fue llamada la joven de 15 años, fue encontrada en el cenote Hoyo Negro. (Cortesía/El Financiero)
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Agencias
TULUM, Q. Roo.- Pocas veces tantos medios internacionales voltean su mirada a México por un descubrimiento arqueológico. Y es que descubrir al esqueleto más antiguo de América no es cualquier cosa. Más de 12 mil años tenían los restos de Naia, descubiertos en mayo pasado en el cenote de Hoyo Negro, muy cerca de Tulum.

De acuerdo con información de El Financiero, el arqueólogo griego Spyridon Marinatos solía decir que “excavar es abrir un libro escrito en el lenguaje que los siglos han hablado dentro de la tierra”. Justamente fue una cueva subacuática del estado de Quintana Roo la que habló para contar la historia: una chica de unos 15 años de edad se internó en una caverna en busca de agua, cuando la irregularidad del suelo provocó que tropezara y cayera hasta el fondo.

La joven murió ahogada, pero su cuerpo fue bien conservado por el ecosistema, al grado de que los arqueólogos del Proyecto Espeleológico Tulum (PET) concluyeron que se trataba del esqueleto más completo y genéticamente intacto que se ha encontrado en el continente. “El eslabón perdido en la historia del hombre americano”, así lo llamaron.

Naia, amplió la historia del origen del hombre americano

El hallazgo de Naia –nombrada así en honor a la ninfa Náyade, Guardiana de las aguas dulces, de la cultura griega– reveló que el hombre americano tiene su origen en el grupo que cruzó por el estrecho de Bering. Es decir, que Darwin tenía razón con su evolución de las especies: los nativos del continente adquirieron rasgos físicos propios sólo como una forma de microevolución para adaptarse a las condiciones de su nueva tierra.

La revista Science fue la primera en dar a conocer la noticia. Inmediatamente, National Geographic tituló así el gran acontecimiento: “Naia ayuda a resolver el misterio de los primeros americanos”. Arqueólogos de todo el mundo siempre se habían preguntado: ¿Por qué los nativos americanos no se parecen más a sus ancestros, que llegaron a América en el Pleistoceno, durante la última edad de hielo que finalizó hace 12 mil años? Naia –cuyos restos tienen características craneofaciales de antiguos paleoamericanos y ADN mitocondrial de los nativos americanos actuales– comprobó algo que desde febrero habían anunciado especialistas de la Universidad de Pensilvania: algunos grupos étnicos siberianos poseen una particular mutación genética que también se da en los nativos norteamericanos actuales.

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