17 de Diciembre de 2017

Quintana Roo

Realizan ceremonia de agradecimiento en el Meco

La sacerdotisa Jerusha Akatzin presentó el azúcar como agradecimiento, chocolate y miel para la alegría.

Alzaron los brazos para tocar el viento que les permite respirar día a día. (Jesús Tijerina/SIPSE)
Alzaron los brazos para tocar el viento que les permite respirar día a día. (Jesús Tijerina/SIPSE)
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Abigail Becerra/SIPSE
CANCÚN, Q.Roo.- “El rojo es el elemento agua que es la sangre que corre por las venas, el negro la ocultación del sol y el color del cabello;   rumbo del norte en color blanco (que) son los huesos del hombre y donde nace el viento; el viento del sur es el color amarillo de la piel; el corazón del cielo en azul y el color verde, el corazón de la tierra; el naranja (significa) el color del universo y el agradecimiento; el rosa, la unidad. (Todos ellos) son los colores que representan los caminos”, dijo la sacerdotisa Jerusha Akatzin.
 
Presentó el azúcar como agradecimiento, chocolate y miel para la alegría, copal e incienso como alimento de los dioses haciendo que los presentes olieran el humo porque conecta con el corazón del cielo.
 
Mostró el tabaco, planta ancestral que representa la memoria de los abuelos, el “Posh”, para agradecer a los guardianes y protectores del tiempo. Uno a uno fueron colocados en un círculo para después pasar a la invocación de los corazones de los “elementales” árboles, ríos, océanos, selva, plantas, cenotes, todos fueron aclamados e invitados a celebrar “la nueva vida”.
 
El agradecimiento de los presentes se hizo general ante el encendido del fuego ceremonial; las personas danzaban, ofrecieron los momentos de gran tristeza así como los de felicidad que genera el “vivir”.
 
Postrados sobre la tierra, más de 40 personas agradecieron los frutos, la comida, el vestido y el sustento que llega de ella. Alzaron los brazos para tocar el viento que les permite respirar día a día, al agua que nutre la tierra por sus venas, así como probando y palpando cada uno de los elementos presentes.
 
Muchos dejaron escapar sus sentimientos; mostraron rostros de felicidad, angustia, euforia y sufrimiento, que fueron reforzados o sanados a través de la duración del fuego.
 
Al concluir la ceremonia, las abuelas y los abuelos mayas despidieron a los representantes de otras culturas milenarias mexicanas, así como de 68 visitantes de todas partes del mundo para iniciar en forma positiva la entrada y en la permanencia del nuevo Baktún, pero siempre con la responsabilidad de delegar el conocimiento ancestral.

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