19 de Septiembre de 2018

Cancún

Se desploma el “Centro” de Salud de Leona Vicario

Las instalaciones presentan falta de higiene, seguridad y mantenimiento; no hay precaución sobre el manejo de los desechos peligrosos y los pozos de agua están “infestados” de plantas e insectos.

En el lugar donde está habilitado el calentador de gas, el personal decidió utilizarlo para acumular cartones, desechos de medicinas, y las lámparas fundidas de luz fría. (Jesús Tijerina/SIPSE)
En el lugar donde está habilitado el calentador de gas, el personal decidió utilizarlo para acumular cartones, desechos de medicinas, y las lámparas fundidas de luz fría. (Jesús Tijerina/SIPSE)
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Licety Díaz/SIPSE

CANCÚN, Q. Roo.- Se desploma con el paso del tiempo. El Centro de Salud de la comunidad de Leona Vicario perteneciente al municipio de Benito Juárez, ubicado en el corazón del poblado, ocupa un área aproximada de 500 metros cuadrados, con una fachada que se rinde y trata de ocultarse ante la mirada de la gente.

 
Al quedar parados frente al inmueble, donde la prioridad es la atención humana, entre la falta de una “mano” de pintura, cuyos muros piden a gritos; escapa de la sobriedad un trabajo de jardinería, que aunque pobre, atenúa como maquillaje y libra a las personas de llegar a un lugar que lo envuelva la incertidumbre.
 
El único teléfono ubicado a la entrada no funciona; si un paciente llega grave, hay que ir con los bomberos o con Seguridad Pública para que avisen a la delegación de la Cruz Roja
 
En el “hospital”, como lo llama la gente del poblado, un personal del cual no se ha querido informar la cantidad, trabaja de lunes a viernes, mientras que sábados y domingos, el rol es otro: a pesar de no darse a basto por la cantidad de personas que regularmente se dirigen al centro, sólo uno de los dos consultorios abre con un doctor de medicina general, de guardia. En el “hospital” su director no regresa a laborar hasta el lunes.
 
La sala de espera, un espacio aproximado de 5 metros, presenta una imagen similar al de la fachada; deteriorado y en algunos costados con repellos de cemento a flor de piel.
 
Los apenas 10 asientos, todos de plástico y sin uniformidad, están ocupados por personas aquejadas, con caras largas y con muestras de aburrimiento. Algunas personas llevan a sus niños en brazos, a quienes se les puede leer en los rostros la desesperación por ser atendidos.
 
“Aunque vengas de madrugada a agarrar una ficha, sales en la tarde; porque aunque vean esto lleno, prefieren pararse a conversar”, comentó una de las pacientes en espera.
 
Otra se acerca y opina, “por eso cuando tengo dinero, prefiero irme a la consulta de las Farmacias Similares, allá los médicos te tratan bien, no como aquí que (lo) tratan a uno como animales”.
 
Para infortunio de los habitantes, quedaron descartados los planes de construcción de un Centro de Readaptación Social (Cereso), y una estación de bombeo de combustible en Leona Vicario, los cuales iban a estar cerca del Centro de Salud y habían motivado su ampliación a un hospital de especialidades. Pero todo quedó a media marcha, y ahora el nosocomio quedó dividido en dos secciones, la antigua ya en desuso; y donde actualmente se prestan los servicios. Ambas con claras muestras de abandono y deterioro constante. 
 
En un costado del área antigua se encuentra el acceso al patio, donde las puertas están abiertas de par en par; y cualquiera puede pasar al no haber seguridad por los alrededores. 
 
También es el punto de entrada y salida para la única ambulancia que existe para atender a una población de 14 mil habitantes, la cual no está habilitada por no existir el personal capacitado para conducirla, y se deteriora día a día por las condiciones del tiempo. 
 
Interesante es el aspecto del patio de la institución, en la parte considera como la “antigua” y que ahora es utilizada como el tiradero del hospital; cerrado con cadena y candado. 
 
También se encuentra la planta de electricidad, ubicada en un espacio donde el techo llora por mantenimiento; la cisterna que bombea agua potable para el establecimiento, con su tapa abierta aguantada por un palo, cuya agua que da vida a los pacientes, queda a la intemperie; además está el cableado de electricidad, donde las trepadoras ya incorporan a su mundo hábitat. Llama la atención un baño que pertenece al lado descontinuado, donde a simple vista se puede ver un jabón y cepillos de dientes.
 
Siguiendo el recorrido, están dos pozos ciegos donde la vegetación ya se hizo presente; uno de ellos acumula agua insalubre con botes plásticos en su interior. Todo esto a pocos metros de la parte antigua, donde los criaderos de mosquitos representan un grave riesgo sanitario, especialmente por el peligro de estar incubando insectos transmisores del dengue. 
 
En una palapa rodeada de polillas, hay viejos pizarrones tirados con instrucciones médicas,  recostados en espera de su destrucción. 
 
El almacén del centro de salud tiene escasas medicinas, y sus ventanas están repletas de polvo; con la instalación eléctrica desecha, y sin el cuidado apropiado para los medicamentos.
 
En el lugar donde está habilitado el calentador de gas, el personal decidió utilizarlo para acumular cartones, desechos de medicinas, y las lámparas fundidas de luz fría.
 
Un viejo conducto de aire acondicionado, “devorado” por la humedad del techo, pone el punto y final del recorrido por el centro de salud; evidenciado aún más las carencias y deficiencias en su operación y mantenimiento.

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