13 de Diciembre de 2017

Opinión QRoo

Un partido… ¿a la mitad?

En los últimos días abandonaron las filas priistas un grupo importante de militantes de ese partido y a pesar de que la dirigencia estatal hiciera mutis como si no le importara, lo cierto es que cada día se debilita más el otrora todopoderoso instituto político que diseñó a su modo la vida institucional de Quintana Roo desde el inicio del autogobierno...

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En los últimos días abandonaron las filas priistas un grupo importante de militantes de ese partido y a pesar de que la dirigencia estatal hiciera mutis como si no le importara, lo cierto es que cada día se debilita más el otrora todopoderoso instituto político que diseñó a su modo la vida institucional de Quintana Roo desde el inicio del autogobierno.

Con el argumento de que no podían ser comparsas del presidente estatal, Raymundo King de la Rosa, al que acusan de entregar al PRI al Partido Verde, que finalmente fue el que salió fortalecido de la debacle del 2016, varios distinguidos personajes renunciaron incluso a muchos años de hacer trabajo partidista.

Es insostenible, aseguraron, seguir en un partido donde no se respetan sus derechos, se entregan posiciones importantes a otras agrupaciones políticas que en la suma de ganancias electorales se ha llevado gigantescos pedazos del poder sin mayores merecimientos, mientras que al interior del PRI sus militantes suspiran por una oportunidad que nunca llega.

Una verdad de a kilo es que durante muchos años, pero sobre todo en los últimos cinco, los priistas de toda la vida fueron hechos a un lado para cobijar personajes sin mayores merecimientos ni arraigo entre los quintanarroenses.

Se impuso la voluntad de una sola persona para prefigurar las más importantes candidaturas con políticos que inclusive, en más de una ocasión, dejaron ver su descontento porque no querían arriesgarse a una aventura incierta y preferían seguir muy cómodos en sus posiciones dentro del gobierno o en la legislatura federal.

Lo que estamos viendo con las renuncias de muchos militantes priistas es simplemente el resultado de décadas de indiferencia de quienes tomaron las decisiones más trascendentales en la vida del PRI, para dar cabida a gente sin arraigo popular, ni trabajo partidista y eso, ya lo vimos, se paga muy caro.

Uno de los principales asuntos que la cúpula priista no quiso entender es que los ciudadanos ya no son tan manipulables como antes, además, en un momento, supieron que si no votaban en contra del PRI, seguirían sufriendo los abusos de autoridades surgidas de ese partido y que llevaron a Quintana Roo al borde del precipicio.

La pregunta que se hacen los quintanarroenses es qué pasará con el priismo en desbandada, si habrá algún personaje de esos todopoderosos que pueda recomponer el camino, si será capaz de convencer primero a los militantes que quedan, después a los simpatizantes y finalmente a los ciudadanos de a pie.

Si creemos que el debilitamiento del priismo en Quintana Roo es algo que debemos celebrar con bombos y platillos, es importante aclarar que en una democracia como la que presumimos los mexicanos, es esencial la existencia de las fuerzas políticas opuestas al que gobierna para equilibrar la toma de decisiones desde el poder.

Entendemos que el PRI estatal está herido de muerte, que se encuentra en el momento más complicado de su historia, que fueron arrollados por una fuerza que como un huracán los hizo pedazos, sin embargo, como suelen decir los viejos políticos: también de las derrotas se aprende mucho.

Pero si el PAN y el PRD continúan sin hacer una labor proselitista buscando más militantes y sus políticos incrustados en el gobierno estatal, siguen cometiendo errores graves que los muestran como ineficaces para el servicio público, es muy posible que el PRI vaya recuperando poco a poco lo que perdió de un solo jalón.

No estarán cobijados siempre por la sombra protectora del gobernador Carlos Joaquín, quien ganó la gubernatura por sus propias fuerzas y el castigo de los quintanarroenses contra un gobierno que dedicó la mayor tiempo a saquear el patrimonio estatal y a abusar de la gente.

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