14 de Diciembre de 2017

Opinión

Modismos henequeneros

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Henequén es voz del taíno aunque algunos autores le han supuesto origen quiché. En maya yucateco es kij. El cultivo y explotación de este agave constituyó la principal riqueza de Yucatán a fines del siglo XIX y principios del XX. Existen diferentes especies, pero la que más se cultivó por su mayor rendimiento de fibra y su larga vida –aproximadamente de 25 años– es la conocida en maya como sak kij (Agave fourcroydes) lit. “agave blanco”, planta a la que generalmente se le da el nombre de “henequén”.

Otra variedad es ya’ax kij (Agave sisalana) lit. “agave verde” de hojas sin espinas y fibra más fina y delgada, pero menos productiva. Fue la primera variedad que se cultivó extensivamente en Yucatán y se le llamó “sisal” por el puerto yucateco del mismo nombre desde el cual se exportaba. El ch’elem (Agave silvestres) es una variedad silvestre y es Amarilidácea.

En Yucatán, al plantío de henequén se le llama henequenal: el verde henequenal, la flor del henequenal, pero por antonomasia se le llama “plantel”. Henequenero se dice de todo lo referente a esta planta y a su cultivo y explotación: hacienda henequenera, padrón henequenero, actividad henequenera, trabajador henequenero.

La hacienda henequenera fue un sistema de producción, basado en el monocultivo del henequén, que se difundió en la segunda mitad del siglo XIX hasta llegar a hacer de la producción de fibra el eje del desarrollo peninsular. Las haciendas henequeneras yucatecas, aunque variaban arquitectónicamente, tenían un común denominador: la casa principal (que era ocupada por el dueño y su familia); la casa de máquinas (donde estaba el equipo de desfibración y la chimenea); el tendedero (que servía para poner el henequén a secar una vez raspado); la noria y la capilla, en torno a este conjunto principal estaban las casas de los trabajadores y, más alejados, los planteles.

Yaquis, chinos, coreanos y otros extranjeros fueron atraídos por el “oro verde”, nombre que recibió el henequén durante el siglo XIX, a causa de la gran derrama económica que generó durante su apogeo como principal fuente de fibras textiles. Sin embargo, la agroindustria henequenera sufrió un duro golpe con la invención de las fibras sintéticas que ofrecían la misma versatilidad por un menor precio.

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