14 de Noviembre de 2018

Opinión

¿A quién creerle?

La tan cacareada reforma no fue más que otra pincelada sexenal para dejar huella en la historia de la educación pública en México.

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Siguiendo puntualmente las cotidianas declaraciones que el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Emilio Chuayffet Chemor, hace en defensa de la última reforma educativa en cuanto a que todos los actores de  la sociedad serán escuchados y tomados en cuenta todos sus comentarios y propuestas en lo relativo a la elaboración de las leyes reglamentarias que se derivan de la reforma constitucional en materia educativa, cada día que pasa me confirma que la tan cacareada reforma no fue más que otra pincelada sexenal para dejar huella en la historia de la educación pública en México.

¿De qué han servido tantas promesas a los maestros disidentes de Guerrero sobre su proyecto educativo estatal que en estos días se ventila sin esperanzas en su Congreso local, o los ofrecimientos de las autoridades educativas de Oaxaca y Michoacán a los líderes de los plantones y marchas que parecen nunca terminarán en este ciclo escolar, cuando el pasado 11 de abril, en el marco de la presentación del Plan Nacional de Desarrollo en Materia de Deporte, el mismo secretario de Educación, Emilio Chuayffet, informó públicamente que ya están terminadas las leyes secundarias de la reforma educativa y que serán enviadas al Pacto por México este mismo mes, a pesar de que el periodo para aprobarlas vence el 26 de agosto?

La desafortunada declaración es una burla al magisterio. No se puede convocar a la participación de maestros, padres e instituciones educativas, cuando por detrás ya se tiene listo el andamiaje legal de la ley secundaria sin el conocimiento y la aprobación de sus principales actores. Tan explícita fue la exposición, que detalló la reforma a la Ley General de Educación, estableciendo disposiciones de ensamble entre el INEE y la SEP. Además, se crea la Ley orgánica del Instituto Nacional de Evaluación para la Educación, rematando con una ley nacional, la Ley del Servicio Profesional Docente.

Con todo esto, no se qué pensará Jesús Zambrano Grijalva, el presidente del Consejo Rector del Pacto por México, que todavía unos días antes andaba convocando a todo mundo para opinar sobre la reforma educativa, la cual reconocen como propia. Mentiras y más mentiras rodean al magisterio y, para colmo, sus líderes andan embotellados o encañonados para mantenerse quietos.

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