20 de Septiembre de 2018

Opinión

¿A quién sigue?

El contacto y la cercanía que puede lograr un político es tal, que se puede cambiar la percepción que se tiene de él o crear una nueva.

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La comunicación política no es una disciplina fácil de definir. En ella intervienen disciplinas, tan diversas y complejas, que ayudan a crear una imagen o percepción. Como en cualquier área de la política, debe tener un objetivo fundado, del cual se desprendan todas las acciones comunicativas que lleven a su cumplimiento.  En la era digital, se dice que quien no está en las redes sociales, no existe. El contacto y la cercanía que puede lograr un político es tal, que se puede cambiar la percepción que se tiene de él o crear una nueva.  Aquí algunos errores que cometen nuestros políticos:

1. “No importa, hay que publicar lo que sea”. ¡Claro que importa! No hay que poner tuit sin objetivo. Siempre hay que pensar qué quiero lograr con lo que voy a publicar y qué percepción voy a generar.

2. “Es joven, va a manejarlo muy bien”. ¡Error! Lo recomendable es que cada quien maneje sus cuentas, sin embargo existe el community manager, que se dedica a administrar cuentas de redes sociales. Cuando busquen a alguien para esta función, piensen en una persona que sea como ustedes o en alguien que sea como quieren que los perciban. Saber usar una red social no es lo mismo que saber aprovecharla.

3. “Todas las redes sociales son lo mismo”. ¡Equivocación! Twitter es un microblog inmediato, Facebook es una red de amistad, atemporal, Instagram es un espacio de fotografías, YouTube es un espacio de videos y cada una tiene sus propios lenguajes. Nada más molesto que ver hashtags (#) en las publicaciones de Facebook. Es como hablar en espanglish, ¿lo acostumbran hacer en sus discursos? No, ¿verdad?

4. “Voy a retuitear todas mis menciones y felicitaciones, para que la gente vea cómo me quieren”. A nadie le gusta la gente presumida y engreída. Si usted quiere que lo perciban así, entonces hágalo. Si lo halagan, responda solamente a quien lo hizo, los demás no necesitamos, y no queremos, enterarnos. Se vale solamente cuando la felicitación sea de alguien reconocido.

5. “Amanecí de buenas, voy a saludar a todos mis compañeros de bancada/gabinete/partido en un mismo tuit”. ¡Por favor no lo hagan! Esto es lo que pasa: se inicia la cadena con un “excelente día amigos” y durante toda la mañana nos la pasamos leyendo las respuestas de las 10 personas incluidas en el saludo.

PILÓN: “Tengo 100 mil seguidores, ¡seguro gano la elección!”. Lamento decirle que no es así. El número de seguidores no es proporcional a su aceptación. Hay trolles que lo siguen nada más para ver  si lo puede confrontar o ridiculizar; hay quienes lo siguen para mantenerlo vigilado y hay quienes lo siguen por consigna. Sin embargo, lo más importante es que los usuarios de Twitter y Facebook son un pequeño porcentaje de la población.

Las redes sociales NUNCA van a reemplazar el contacto humano, hablando de una elección. Y no está de más recordarles que el tener miles de seguidores tampoco implica que sea el más querido y aceptado. Si quiere que lo acepten, publique contenido interesante, pero sobre todo, sea usted mismo.
Y a todo esto, ¿usted a quién sigue? 

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