25 de Septiembre de 2018

Opinión

Abriendo juego (1)

El PRD acusa niveles de descomposición criminales, mientras su burocracia aspira a vivir del subsidio y lejos del poder indefinidamente.

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No bien terminadas las fiestas, ha comenzado la formalización de candidaturas, tanto locales como federales, con vistas a las elecciones de este año, que por primera vez en mucho tiempo no serán en julio, sino el 7 de junio. Frente al entusiasmo de los primeros premiados, e incluso a intentos serios de algunos segmentos de la clase política y de la sociedad civil de poner un foco de atención general en el proceso, amplios sectores ciudadanos lo miran con escepticismo, cuando no con franca desconfianza. Lejos de lo que se hubiera podido esperar tras tres lustros de la alternancia, el país llega a los comicios en un pésimo clima democrático.

El PRI llega desgastado, no sólo por el costo normal de ejercer el poder, sino también por las reformas legales que hizo cuajar y que no han tenido los efectos positivos con que se promocionaron, así como, entre otras cosas, por su notable incapacidad para detener la violencia de las organizaciones criminales, que hizo crisis con los asesinatos de estudiantes de Ayotzinapa, aun cuando éstos fueron responsabilidad directa de un alcalde del PRD. La perspectiva de restaurar la vieja dinámica política, basada en un autoritarismo capaz de garantizar el orden, se ha demostrado inviable.

El PAN enfrenta el proceso electoral en su momento de mayor debilidad orgánica al menos desde que conquistó la presidencia de la República en 2000. Su dinámica interna acusa divisiones y confrontaciones antes ajenas al partido; y frente a la sociedad ha perdido en lo fundamental su credibilidad, habiendo acreditado tanto su capacidad de corrupción como de abuso del poder en muy diversos terrenos.

Por su parte, la izquierda se encuentra en sus peores condiciones en décadas. Fragmentada como no se le veía dese la elección de 1985, y cubierta de un desprestigio amplio y profundo, que alcanza y llega a superar al de los que vuelven a ser los dos partidos grandes del país, el PRI y el PAN. 

El PRD acusa niveles de descomposición criminales, mientras su burocracia aspira a vivir del subsidio y lejos del poder indefinidamente. En tanto, MORENA reproduce las peores prácticas internas de sus ancestros, el PRI y el PRD, incluyendo las autocráticas, y ofrece una amalgama incoherente de propuestas a los electores.

Así van, los principales contendientes electorales.

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