17 de Octubre de 2018

Opinión

Acabemos con la ilegalidad

El tema de la corrupción y la ilegalidad no sólo existe entre sector público y privado, sino también...

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El tema de la corrupción y la ilegalidad no sólo existe entre sector público y privado, sino también entre privados y entre ciudadanos comunes.

Si queremos de verdad iniciar un cambio positivo, empecemos por la parte que sí está en nuestras manos y en la que no dependemos del funcionario corrupto; optemos por ejemplo por no comprar piratería, pero no me refiero sólo a las añejas y trilladas campañas referentes a la música o a las películas, piratería hay en todas partes y en cada momento y el turismo no es la excepción.

En Cancún y la Riviera Maya, por ejemplo, a medida que ha crecido el turismo, la población y la derrama económica, también la incidencia de negocios turbios, de vendedores “piratas” de todo tipo y de servicios de muy dudosa reputación.

Pero no crean mis ocho lectores que me estoy refiriendo a las drogas, a los inspectores corruptos, o a los grandes desarrollos que se hacen al cobijo de la también grande corrupción, todos ellos son graves desde luego; me refiero a la piratería y al fraude común que se da todos los días en cualquier parte y a cada momento del día en las narices de todos.

Todo mundo se queja, pero todo mundo es parte -bueno yo no y que me esculquen-, pero el tema es que en el fraude y la piratería de los negocios siempre hay dos partes, por lo menos.

Me canso de ver y escuchar todos los días, que apareció un nuevo módulo “pirata” de información turística en alguna parte de la ciudad, por ejemplo, pero el tema es que hay gente que le da negocio. Me he hartado de escuchar durante años que hay piratería y negocios turbios en la venta de excursiones, pero hay proveedores que se prestan y que cínicamente forman parte de ello.

Pero es que hay piratería, fraude, trampa y engaño en todas partes; en el negocio inmobiliario, en el tiempo compartido, en las arrendadoras de autos, en la hotelería, los restaurantes, los despachos de abogados y en algunas  agencias de viajes.  Los choferes son corruptos y llevan gente por su cuenta en el vehículo de su patrón, pero hay patrones también corruptos que venden sus servicios, si es posible, sin factura, al mejor postor.

Hay patrones tan corruptos y tramposos que simplemente son un ejemplo para sus colaboradores, pero de lo que no debe hacerse, pero que se hace.

En los hoteles entran todos los días promotores corruptos de toda clase de servicios y productos y el ingreso se les permite impunemente, no digo que en todos, pero en una buena cantidad de ellos y en diferentes departamentos. Los taxistas venden toda clase de servicios legales e ilegales de gente que los pone en sus manos. Las discotecas que nunca han sido un ejemplo de responsabilidad social, venden de todo, permiten de todo y hacen de todo. Las discotecas de Cancún han contribuido de manera muy importante en la descomposición de la sociedad y sus valores.

En el aeropuerto tenemos vendedores de transportación pirata que hemos denunciado repetidamente durante años y simplemente siguen ahí, ante la pasividad y tolerancia de la autoridad. En el aeropuerto también ofrecen sus servicios arrendadoras de autos piratas, hay venta de tiempo compartido legal e ilegal y hasta existe venta de comida para empleados en cajuelas de automóviles, todo a la vista de todos.

Una cosa es ganarse una comisión por un negocio lícito, por una recomendación seria y productiva que no lesione a nadie y que genere beneficios económicos para las partes involucradas, y otra muy distinta es ganar dinero aprovechando influencias, lesionando a otros y sobre todo, abusando de la confianza de alguien.

Quienes pagan comisiones a diestra y siniestra deberían analizar como están contribuyendo con sus prácticas a la economía local, y analizar un poco la fuente de sus eventuales ganancias.

Quienes contratan personal sin pedir referencias son tan responsables del caos como los defraudadores.

Vamos limpiando Cancún si les parece. Simplemente no seamos cómplices de las malas prácticas, no seamos indolentes, no seamos insensibles y denunciemos lo que haya que denunciar y señalar.

Por los funcionarios y políticos corruptos no podemos hacer nada, que Dios los bendiga, pero por nosotros mismos, sí que podemos.

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