19 de Octubre de 2018

Opinión

Actores urbanos

El lienzo llamado Cancún está plagado de actores, que sin quererlo, se han convertido en parte de la vida diaria de las calles...

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El lienzo llamado Cancún está plagado de actores, que sin quererlo, se han convertido en parte de la vida diaria de las calles, sin que hasta la fecha encuentren un escenario donde puedan hallar esa paz, o por lo menos, esa tranquilidad que les hace falta.

Son por todos conocidos, y por todos ignorados. Quién no se ha cruzado con aquel joven adulto, que con los pantaloncillos ajustados arriba del ombligo, pide una limosna por el amor de Dios, dando en recompensa un “Dios lo bendiga” si recibe una moneda, o un recordatorio a nuestra madre si no se le da algo de dinero. O aquella mujer cuyo cabello ya pinta canas, y con un pantalón, una blusa y un saco de vestir recorre las calles de Cancún, a veces para bailar un poco con la música de las zapaterías de la avenida Tulum, otras para hablar una y otra vez consigo misma, y algunas más, para marcar al 066 desde un teléfono público y denunciar a sus familiares que le han robado su herencia y la han amenazado de muerte.

Cancún tiene en sus calles a varios “actores” urbanos, que dan muestra del mundo que viven en sus mentes, un tanto dispersas.

Por varios años, los pocos psiquiatras que viven en Cancún, como Edgar Landeros Galicia, presidente de la Asociación Quintanarroense de Psiquiatría, miembro de la Asociación Mexicana de Psiquiatría y colaborador del Consejo Mexicano de Psiquiatría, han manifestado la necesidad de contar con un hospital especializado en la materia.

Existen los “actores” urbanos pacíficos, que se ahogan en su mundo sin salpicar a nadie, y están aquellos que viven “guerras” en sus mentes, y quieren explotar contra cualquier transeúnte. Son personas que fueron abandonados por sus familias, cansadas por su comportamiento, porque no cuentan con los recursos para mantenerlos, o porque simplemente es más fácil dejarlos a su suerte.

Basta con caminar un poco por las avenidas del primer cuadro para cruzarse con alguno de estos personajes, que ya se han convertido en estampas urbanas, y donde aquellos que tienen más de cinco años en Cancún, identifican por lo menos a uno de estos “actores”. Como aquella chica, que utiliza los espacios verdes del centro como su habitación, arrancándose el cabello por ratos e intentando seducir a los peatones que aparecen a su paso. O aquel joven que con arranques de ira grita diversas palabras al cielo, para luego caer dormido y pedir algunas monedas o un taco al despertar, y según su humor, reclamar o agradecer cualquiera que sea la respuesta de los que se los  encuentran en las calles.

En Cancún, mientras algunos viven entre departamentos, playa y vida nocturna, otros son presa del mundo que ha creado su mente. 

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