17 de Agosto de 2018

Opinión

Adicción fatal

El sufrimiento de un fumador no sólo es del paciente, sino que se transforma en colectivo, ya que trasciende a la familia y su entorno

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Regresando de un evento académico antenoche, me percaté del conductor de un vehículo que me antecedía; al realizar el alto, noté que su brazo izquierdo lo mantenía en el exterior, y con la mano realizaba movimientos repetidos a manera de “tic”, que sugerían ser fumador consetudinario. Eso ocurrió el martes 31 de mayo, Día mundial sin tabaco.

Ensimismado en reflexiones, pocas cuadras despúes me detuve en una tienda, donde al momento de realizar el pago, entró una joven de unos 20 años, solicitó una cajetilla de cigarros, que de inmediato le fue vendida.

Recapitulando los dos eventos me preguntaba qué nos falta para incidir de forma efectiva contra el hábito del tabaco. Estadísticamente sólo el 15% de los pacientes con cáncer pulmonar sobrevive al diagnóstico tardío. La OMS da cuenta del incremento galopante de fallecimientos; con base en cifras oficiales, en México, 66 mil personas mueren cada año por la adicción, o sea 180 diariamente.

Del total de casos detectados, el 90% corresponde a fumadores; el otro 10% adquirió el padecimiento por exposición e inhalación de combustible o carcinógenos aéreos. Al día de hoy, en el país, ocupa el primer lugar en mortalidad por tumores en varones. Además, a la lista fatídica habría que sumarle otros problemas de salud concatenados, como infarto cardiaco, enfisema pulmonar, bronquitis crónica y acortamiento de  la esperanza de vida en promedio 10 años.

Estrategias se han puesto en marcha, pero con resultados aún poco alentadores. Todavía recuerdo cómo hace una década se propuso iniciativa de ley, dentro de la cual se incluía el cobro de un peso más por cajetilla, enfatizando que serviría para apoyar a las instituciones que tratan enfermos con problemas  pulmonares y podría ser deducible de impuestos para la industria tabacalera. Su final lo conocemos.

Con estos elementos presentados, quiero llegar a tu  conciencia.  Sólo podremos vencer esta maquinaria adictiva con voluntad, madurez y responsabilidad. Tal vez no entiendan la preocupación de nosotros los médicos, quienes cotidianamente vemos morir lentamente a pacientes. La impotencia hace presa, ya que el daño es irreversible. El sufrimiento no sólo es del paciente, sino que se transforma en colectivo, ya que trasciende a la familia y su entorno

Si eres fumador, quizá me contestarás: ¡De algo he de morir!, y te replicaré que, con esta actitud, cobardemente olvidas tus obligaciones sociales, familiares, laborales y económicas. No estás solo, te necesitamos para mantener nuestra cohesión social. No te fumes la esperanza.

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