12 de Noviembre de 2018

Opinión

Adiós a “El Gallito” Coral

Nunca supe desde cuándo ni por qué le decían “El Gallito”, pero me quedó muy claro desde que lo conocí, a principios de 1980...

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Nunca supe desde cuándo ni por qué le decían “El Gallito”, pero me quedó muy claro desde que lo conocí, a principios de 1980, que era un joven con el liderazgo y el talento suficientes para descollar en la política; sólo una década después me enteré que era nieto de don Pascual Coral Heredia, gobernador del antiguo Territorio de Quintana Roo y me pareció que podría él seguir con facilidad los pasos de su abuelo. Sólo a su muerte, hace menos de diez días, comprendí por qué no pudo ir más allá de sus sueños.

Durante la campaña de Pedro Joaquín Coldwell, “El Gallito” fue nombrado dirigente de la Juventud Popular, organismo de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), uno de los tres sectores sociales del PRI y desde ahí empezó a despuntar en el terreno político. Pero fue un sexenio después, con el gobernador Miguel Borge Martín, cuando Roberto Coral estuvo en la cúspide de su carrera política al convertirse en dirigente estatal de su partido. En el impulso que Borge dio a los jóvenes, promovió también la incipiente trayectoria de Eduardo Ovando Martínez, primero como diputado y luego como líder del Congreso local. A éste último y por la rareza de su apellido empezaron sus amigos desde muy joven a apodarlo “La Gallina”, que aunque nunca dejó de ser un mote incómodo, jamás lo fue ofensivo. Un ocurrente dijo en esa época que Quintana Roo  sería gobernado algún día por el “El Gallo” o por “La Gallina” y su “profecía” estuvo a punto de cumplirse, de no haber perdido éste último la elección interna del PRI, en 2004.

El sexenio de Borge fue para Roberto Coral como subir rápidamente por la curva de una campana y llegar a su parte superior sin mayores contratiempos. Pero luego vino Mario Villanueva como gobernador y éste no sólo alentó a su propio grupo de jóvenes, caracterizados por ser hijos de políticos encumbrados, juniors y sin antecedentes de liderazgo juvenil o estudiantil a quienes pronto los chetumaleños bautizaron como “los garbanzos” o “los chicharitos”, por verdes; sino que además hostigó y desestimó a los borguistas. El sucesor, Joaquín Hendricks pintó su raya del villanuevismo y Roberto Coral pudo reincorporarse al escenario político.

Con el apoyo del gobernador en turno, “EL Gallito” volvió a fungir como presidente estatal del PRI en el año 2000, con la mala suerte de que su partido perdió Los Pinos en ese año aunque Eduardo Ovando logró la senaduría.  Luego vendría la otra debacle: el arribo de una nueva clase política surgida de la nada, algo así como “la generación espontánea”, representada por Félix González Canto, un político treinteañero y carismático pero a quien muy pocos conocían fuera de Cozumel. Roberto Coral coqueteó con los liderazgos emergentes surgidos de la oposición en Cancún y para muchos, esa “torcedura” del camino lo llevó al olvido político de facto. 

Eduardo Ovando peleó en 2004 su espacio en la elección interna del PRI a la gubernatura y en esa lucha de intereses perdió la batalla la generación de los liderazgos naturales, la de los jóvenes provenientes de la cultura del esfuerzo. Ahí murió por primera vez “EL Gallo Coral” y junto con él se sepultaron también los sueños de una juventud que de un día para otro, sin darse cuenta, se convirtió en “vieja guardia”. Eduardo Ovando aún pelea por revertir el resultado y mantiene la esperanza de gobernar algún día a su estado natal.

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