25 de Septiembre de 2018

Opinión

Adiós a los “plurinominales”

Tenía que pasar. Finalmente la profecía de una época de vacas flacas en el gobierno quintanarroense se hizo realidad...

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Tenía que pasar. Finalmente la profecía de una época de vacas flacas en el gobierno quintanarroense se hizo realidad y el derroche y la opulencia de la clase política en administraciones pasadas ha cobrado la factura en el presente.

Obligado por las circunstancias, el gobernador Roberto Borge Angulo tuvo que actuar de inmediato para lidiar con la difícil situación económica y tomó una decisión difícil pero necesaria, la extinción de los “plurinominales”, y de varias secretarías y organismos inoperantes.

No se confunda, no me refiero a los diputados que sin hacer campaña son premiados con una curul en el Congreso local, sino a aquella fauna burocrática que, por suerte o por contactos, tenían la fortuna de estar colgados de dos o más nóminas de diversas dependencias del gobierno.

El número de los afectados es muy alto, y aunque la oficial mayor Rosario Ortiz Yeladaqui nunca da cifras exactas porque no le conviene o porque a lo mejor ni ella sabe en realidad cuántos están en esa situación, se estima que existían más de un millar de “plurinominales”.

Existían, así en pasado, porque a partir de este mes todos aquellos afortunados que cobraban en dos, tres o más lugares, fueron llamados a cuentas para que decidan si se quedan con Chana, con Juana o con su hermana, acabando de golpe con una especie que había podido subsistir en el ecosistema gubernamental desde tiempos inmemoriales.

Algunos –los menos– que realmente cumplían con una doble jornada laboral en el gobierno del estado fueron los que primero pegaron el grito en el cielo, pero los que más lloraron fueron aquellos “pluris” que a lo largo de los años habían construido dos o más pistas de aterrizaje quincenal, y que con la orden gubernamental les cortaron las alas.

Junto con los “plurinominales” se extinguieron también la Seplader, la Secretaría de Cultura y diez organismos gubernamentales que en realidad no servían para nada y eran indefendibles.

De los dos secretarios que se quedaron sin chamba, la que más berrinche hizo fue la de Cultura, Lilián Villanueva Chan, indignada porque se convertirá en empleada de Sara Latife, o de plano se quedará sin chamba.

Lo cierto es que desde la salida de Manuel Valencia Cardín, la Secretaría de Cultura nunca mantuvo el ritmo que le imprimió el hoy secretario particular del gobernador y fue decayendo hasta convertirse en un lastre burocrático, matando el propósito con el que fue creada.

Andrés Ruiz Morcillo anda movidito tratando de acomodarse en una delegación federal a pesar de su triste recuerdo como alcalde capitalino y su gris paso por la Seplader. Su objetivo es la Sagarpa, aunque también podría ser enviado un buen tiempo a la congeladora.

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