18 de Octubre de 2018

Opinión

El agua que todos consumimos

Hoy día el agua que es distribuida está muy lejos de ser un agua totalmente segura para el consumo humano, ya que las otrora plantas potabilizadoras hoy son simplemente plantas de desinfección.

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La última semana la he pasado hospitalizado por un problema renal recurrente y durante mi estancia en la clínica un tema que se me ha hecho presente es el problema del agua que padecemos en todo el Estado, una región privilegiada con un enorme acuífero subyacente que no hemos sabido manejar adecuadamente, provocando problemas cada vez mayores en su contaminación por todo tipo de efluentes tóxicos que todos producimos y poco nos preocupamos por su adecuado manejo.

Todavía recuerdo hace más de cuarenta años cuando los responsables de la Oficina Sanitaria Panamericana me insistían año tras año que otra vez Mérida había sido calificado con las mejores notas por la calidad del agua potable que se distribuía y yo siempre les contestaba que era una calificación incompleta, ya que el manejo de las aguas residuales dejaba mucho que desear, al someterse de manera permanente al acuífero a tener que tratar de asimilar todo tipo de residuos orgánicos y químicos. Padeciendo una paulatina merma en su calidad.

Hoy día el agua que es distribuida está muy lejos de ser un agua totalmente segura para el consumo humano, ya que las otrora plantas potabilizadoras hoy son simplemente plantas de desinfección, en el mejor de los casos, porque un alto porcentaje de la población metropolitana consume agua producida en sistemas autónomos que distan mucho de ser plantas depuradoras para producir agua segura para el consumo humano.

Pero lo triste es que pareciera que a nadie le importa trabajar con corresponsabilidad en la impulsión de procesos que conduzcan a poder consolidar un espacio urbano seguro, sostenible. ¿Y el agua de lluvia? Bien gracias, ya poco importa su aprovechamiento y se ha convertido en un elemento más de contaminación del acuífero peninsular. Todavía muchos recordamos cuando el agua que bebíamos era proveniente de la lluvia, a través de una responsabilidad de tener techos limpios y sistemas adecuados de almacenamiento y uso.

El problema es de todos y debemos preocuparnos por su verdadera solución, segura y a largo plazo, en beneficio de todos.

Cada vez que utilizamos el baño, el fregadero u otro servicio, estamos produciendo aguas residuales que en casi toda la ciudad se va casi directamente al acuífero.

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