10 de Diciembre de 2017

Opinión

Al terminar este año... ¡Gracias, Señor!

¡Gracias Señor! por todo lo que me diste y gracias por todo lo que me quitaste.

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En este año que termina, sólo pueden brotar de mis labios las palabras ¡Gracias Señor¡ ¡Gracias Señor! por todo lo que me diste y gracias por todo lo que me quitaste.

Porque me diste lo que me hacía falta y me quitaste lo que me iba a perjudicar pero necio de mí no entendía tu mensaje y lo mucho que tú quieres cuidar y proteger. Me mostraste que debo disfrutar lo que tengo y no tener apego a lo terrenal. Que en esta vida todos estamos de paso y lo único seguro es la muerte.

Me mostraste mi debilidad para aceptarme y a poner mi felicidad en tus manos. “Me enseñaste a paladear el instante que vivimos”.

Gracias por este año que  termina. Quiero darte las gracias por mis brazos perfectos, cuando hay tantos mutilados por las guerras y por el dolor entre hermanos. Personas que se esmeran en lastimarse los unos a los otros; matrimonios que tratan de ser infelices; familias enteras que se dedican a destrozarse en vez de buscar la paz, la concordia y la armonía.

Te doy gracias por mis ojos que me regalaste para disfrutar de la belleza de la naturaleza, cuando hay tantos ciegos en lo espiritual, porque no valoran lo que tienen y sólo sufren de lo que carecen. No ven a la pareja que les diste para ser felices; ignoran a sus hijos frutos de su amor que les regalaste, y en lugar de amarlos se vuelven expertos en lastimarlos; y no disfrutan a sus padres que les prestaste, no los respetan ni les dan un poco de amor, tiempo y cariño. Quiera Dios que para verlos, no tengan que llorarlos.

Gracias, porque tengo un trabajo, y por lo que a diario me das y no sé valorar; cuando hay tantos que no tienen ni un pedazo de pan para satisfacer sus necesidades. Y uno soberbio sólo quiere más de lo material. Se nos olvida que “el alma no crece cuando le sumamos, crece cuando le restamos”.

Este nuevo año voy a usar la frase de San Francisco de Asís para recordar la riqueza espiritual y esperar la dicha celestial. Diré todos los días: Yo necesito pocas cosas, y las pocas cosas que necesito las necesito poco”.

Gracias porque tengo un hogar para regresar cuando terminan mis labores, porque ahí me esperan el amor, el afecto y la comprensión que es ¡mi familia! Cuando hay tantas personas que no tienen ni un techo; o lo que es más triste, cuando lo tienen,no lo valoran y dejan que ahí reine el odio, la intriga y el desamor.

Me comprometo este año en darle más importancia a lo esencial y no a lo urgente; en dar amor manifestado a mi pareja, a mis hijos y nietos, así como a mi hermano.

Gracias porque en este año nos diste tu perdón, tu pan y tu palabra manifestada en tantas personas que nos rodean y a diario nos las regalaste con servicio y entrega. En mi pareja sentí tu amor, en mis hijos tu afecto y en mis nietos tu calor y un amor incondicional. ¡Gracias Señor!

Gracias Padre, por tener poco que pedirte y tanto que agradecerte. Gracias Padre por la vida que a diario me enseñas a vivir y disfrutar. Gracias Padre por el amor, la amistad y la salud. Gracias Padre porque en una palabra he aprendido a decir ¡Gracias!

Dr. Roberto Díaz y Díaz.
[email protected]

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