12 de Diciembre de 2018

Opinión

Alerta en destinos turísticos

Un extraordinario trabajo de investigación periodística publicado en este diario el pasado lunes 23, revela la condición vulnerable de nuestros destinos turísticos...

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Un extraordinario trabajo de investigación periodística publicado en este diario el pasado lunes 23, revela la condición vulnerable de nuestros destinos turísticos debido a los múltiples impactos nocivos de megadesarrollos ya consolidados, infraestructura en construcción y actividades humanas que degradan los ecosistemas.

De acuerdo con el reportaje firmado por Mauricio Conde, jefe de Información de Novedades Quintana Roo, el Centro Mexicano de Desarrollo Ambiental (Cemda) emitió una opinión técnica lapidaria: las construcciones han propiciado un riesgo mayor de afectaciones al medio ambiente y a los derechos humanos de los habitantes de las costas.

Muy grave lo anterior, pues aun cuando nuevas leyes consideren ahora inalterables vastas extensiones en Quintana Roo, el daño está hecho. Y lo peor, es que hubo pocos castigos por violar leyes, ignorar reglamentos o desconocer marcos jurídicos. O de plano, ni sanciones hubo en ciertos casos.

Pese a lo anterior, la naturaleza ha sido tan noble que se recupera de las tragedias, lo cual debiera servir, en todo caso, de motivación y no consuelo. Ahí están, por ejemplo, el Malecón Tajamar, el cual comienza a palpitar otra vez; la recuperación de dunas producto de ciclos inevitables de la propia marea, así como la restauración progresiva del arrecife en la Riviera Maya.

Pero no es suficiente cuando se contempla el daño a gran escala y sin aparentes responsables. Por ello es impostergable la procuración y el cuidado de los ecosistemas, además de aplicar la normatividad con estricto rigor, sea quien sea y cueste lo que cueste.

Más aun, cuando el mismo aparataje jurídico confirma que la buena interacción del ser humano con su hábitat facilita la calidad de vida, lo que encierra una gran verdad: el progreso de una sociedad debe ser integral.

De todo lo anterior, aquello de la mejor calidad de vida en un entorno sano, así como el riesgo de los derechos en quienes habitan la franja costera, resulta perturbador porque pareciera más un ideal que una realidad consumada en nuestro estado. Es que no hay duda de que un medio ambiente en desequilibrio entorpece el disfrute de tantos derechos, aunque pocos asimilan la magnitud.

El estado ha llegado a una fase histórica en que necesita analizar nuevamente el modelo turístico prevaleciente y potenciar los esquemas complementarios que, si bien han logrado posicionar al destino entre los mejores, parecieran agotados cuando revisamos en detalle los planteamientos antes expuestos.

Para tener éxito, deberán conciliar tarde o temprano todos los involucrados: autoridades, empresarios, turisteros, académicos y trabajadores, quienes necesitarán despojarse de intereses mezquinos para poder avanzar en esta titánica tarea de relanzar los productos del Caribe Mexicano.

Diagnósticos, leyes, soluciones parciales, expertos en la materia o supuestos castigos, van y vienen, mientras siguen registrando los perjuicios colaterales de actuar a medias o de manera aislada. Lo dice Cemda y otras agrupaciones: la vida digna depende, en gran medida, de elementos intrínsecos de la naturaleza. No es pose ni moda.

Desorbitado

La Secretaría de Educación y Cultura elaboró el Decálogo del Director y Directora Ante Situación de Riesgo en la Escuela. Los 10 puntos son: identificar la situación de riesgo; mantener la calma y evitar el pánico; establecer contacto inmediato al 911 y coordinarse con la autoridad; salvaguardar la integridad física del alumnado, así como convocar al personal.

Además, aplicar el protocolo con base en el tipo de riesgo que establece el manual del Marco de Convivencia Escolar; informar a la autoridad educativa; realizar un pase de lista; comunicar a padres de familia y tutores, y elaborar el informe.

Son muy básicos y de sentido común como para lograr un “ambiente más seguro”, como es el fin último. Pero algo es algo.

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