23 de Septiembre de 2018

Opinión

Algo envenena en La Mancha

Existe una catástrofe ambiental inexplicable en Europa -¡un cementerio con 5 millones de llantas cerca de Madrid!- y los vientos pueden llevar los humos tóxicos a Francia o Marruecos.

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La frase de “algo huele mal en Dinamarca” pertenece a la obra maestra del bardo inglés William Shakespeare y no a Miguel de Cervantes, quien también cumple cuatro siglos de haber muerto. La suya fue: “En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”.

Pues hoy donde huele mal es en La Mancha, ahí en su frontera norte, en su colindancia con Madrid, y sabemos bien qué es: cinco millones de llantas, de neumáticos, se están quemando en una catástrofe ambiental sin paralelo no sólo en Europa sino en cualquier sitio, así sean los confines más dolientes del tercer mundo.

Obviamente no sólo el hule quemado sino todos los demás elementos químicos con que se fabrican llantas, de carros a tractores, son venenosos y, aunque se diga que todo está bajo control, es inconmensurable el daño para la salud de humanos, tierras hasta hoy fértiles y atmósfera.

Parecería que alguno de aquellos enemigos gigantes del Caballero manchego estuviera empeñado en humillarlo y acabar con su tierra, precisamente a cuatrocientos años de la muerte de su maltratado autor. 

Ya en estas mismas páginas he dado cuenta de que hacia el sur de La Mancha, la “llanura está llena de ‘tierras raras’, o sea, elementos químicos, usados para la fabricación de alta tecnología, ordenadores, baterías de móviles o televisores. Y no existe claridad sobre los riesgos de una nueva minería que cambiaría el lugar”.

Un colectivo llamado “¡Sí a la tierra viva!”, encabezado por un vecino natural de la Torre de Juan Abad, señorío de don Francisco de Quevedo y cuna de mi padre (que es una de las razones, pero no la única, de mi interés), trata de impedir que se envenene una tierra de vides y de olivos, con una mina abierta, así como el agua que servirá para lavar los minerales y aun el aire de esa zona de Europa, frontera con Andalucía (o sea, con lo mejor del Islam), y que algún día fuera tierra también de Jorge Manrique. 

Una catástrofe ambiental inexplicable en la culta Europa (¡un cementerio con cinco millones de llantas tan cerca de la capital de España!) al capricho de los vientos que pueden llevar esos humos tóxicos hacia Francia o hacia Marruecos. Y la codicia de una minería al aire libre que tanto ha lastimado al África.

Hoy huele muy mal en La Mancha. Pero no sólo ahí: en toda Europa y en la Norteamérica del fracking.

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