17 de Agosto de 2018

Opinión

Almas extraviadas

Cuando un ser humano desciende hasta esos niveles de barbarie y abre ampliamente las puertas de su corazón a la maldad.

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Hace unos días los medios de comunicación dieron la noticia de un hombre que con total insensibilidad había ahogado a una niña de 3 años en una piscina; sucedió en Morelia, era el padrastro de la niña, la familia se encontraba hospedada en uno de los hoteles más conocidos de la ciudad y aprovechando que la madre dormía arrojó en varias ocasiones a la niña al agua. Como resultado la niña falleció ahogada, las cámaras de seguridad del hotel registraron todo lo acontecido, las imágenes dan cuenta del total sadismo con el que le arrebató la vida a la pequeña. Con una frialdad que hiela la sangre se le puede ver arrojarla al agua como quien elimina un desagradable insecto.

No tengo idea de qué tenía en su mente y corazón al momento de cometer tal barbarie, probablemente ninguno de nosotros pueda saberlo, pero es evidente que algo estaba muy mal en su interior para llegar a cometer semejante acto, ¿Qué rencor acumulado hacía presa de su alma? Con una crueldad alucinante mantenía bajo el agua a la niña que desesperadamente trataba de poder llevar una bocanada de aire a sus pulmones, con un desprecio absoluto por su sufrimiento y la tranquilidad de un matarife en un rastro dispuso de la vida de la niña, como quien se deshace de un estorbo se encargó que el corazón de un ser humano dejara de latir.

Cuando un ser humano desciende hasta esos niveles de barbarie y abre ampliamente las puertas de su corazón a la maldad, generalmente encierra un nivel de rechazo muy grande no sólo hacia las demás personas sino contra sí mismo, en un proceso autodestructivo abraza diabólicamente lo más degenerado y podrido del ser humano, creyendo que elimina aquello que odia y rechaza, acaba ahogando su conciencia, destruyendo lo poco que le queda de humano, abriendo de par en par las puertas de su vida a la degeneración; perdiendo su capacidad de sentir amor por los demás se condena a no ser capaz de sentir amor ni por él mismo.

¿Cómo llega una persona a este grado de deshumanización? Muchas veces por haber padecido el rechazo, desamor y frialdad en su infancia o juventud, a través de una familia hostil y árida que niega la riqueza de la convivencia y el cariño, privilegiando el materialismo, un exacerbado aprecio por sí mismo, el egoísmo de querer que el mundo exista sólo para satisfacer mi voluntad y deseos. Este caldo de cultivo engendra seres mutilados emocionalmente, subdesarrollados en lo espiritual, propensos a la autoadoración llegan a contemplar la existencia de los otros como un mero instrumento para satisfacer sus vidas.

Sin llegar a los extremos del asesinato, podemos cruzar nuestros caminos con este tipo de seres en muy diversos ámbitos, desde los padres que creen que los hijos no sólo son de su propiedad sino que están en esta vida para asegurar los deseos de sus padres, hasta el maestro para el que los alumnos son sólo un medio de subsistencia y la manera de asegurarse un ingreso económico, pasando sin duda por cualquier ejecutivo que en lugar de servir con fidelidad a su empresa se sirve de ella y manipula, presiona y explota a sus subordinados con la única intención de asegurar poder y beneficios económicos para él mismo.

Sin percatarse de que la violencia contra el otro es un veneno que escupes contra ti mismo porque te seca emocionalmente, te impide sentir la belleza del amor y la convivencia; sin poderse sentir a gusto en su propia piel, menos son capaces de respetar y valorar la piel ajena, acaban rechazando su humanidad en la piel del otro, por ello inconformes, rechazando lo que son, sin aquilatar sus virtudes y odiando sus defectos acaban odiando al ser humano que son y por extensión odiando a los demás seres humanos que los rodean. En  el proceso de despreciar lo que son acaban despreciando a todos los demás y los cosifican volviéndose para ellos sólo unos meros instrumentos para sus fines.

Acaban castigando en los demás lo que no aceptan en ellos mismos, tristes almas extraviadas que no alcanzan a comprender que en el amor y el perdón al otro acaban amando y perdonando al niño o al adolescente triste sufrido y rechazado que dio origen al ser humano insensible y brutal en el que se han convertido; nadie les ha podido abrir los ojos y hacer entender que en el cariño y aprecio a los otros se encuentran el cariño y aprecio a uno mismo.

Almas extraviadas que no comprenden que al amar te amas, al perdonar te perdonas y que el amor y la comprensión al otro es amor y comprensión a uno mismo.

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