13 de Diciembre de 2017

Opinión

Amarás a tu prójimo como a ti mismo

Asimilar los duros golpes que recibimos son una oportunidad de crecimiento y maduración en el crisol del dolor. Dar y recibir también es amarnos.

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Quien se ama a sí mismo posee paz de espíritu; no es impaciente ni consigo mismo, ni con los demás.-  Phillip Mc Graw, psicólogo                  

Amarse a sí mismo: es lo más difícil que hay. Al darnos cuenta que es algo completamente natural y obvio, vivir es más fácil y nos reconciliamos con la vida. Nos volvemos más compasivos y solidarios con los demás al aceptarnos y querernos. 

El amor a uno mismo y al prójimo ha de ejercitarse toda la vida. Lo que hemos llegado a ser: “es”, en el momento actual; lo que nos gustaría ser y hacer comienza, también, en este mismo instante. Sólo somos responsables de este momento. En la consciencia del AHORA está la fuerza vital; es el punto de llegada y de partida; el punto decisivo del vivir. 

Al aceptarnos y ocuparnos de nosotros con amor, aprendemos a tener un mejor trato con las partes de nosotros que nos son inexplicables y que aún no hemos comprendido y aceptado. 

Otro aspecto importante para amarnos es el poder de adaptación  a cada nuevo día y que significa estar en el flujo de la vida.

Todos desarrollamos ciertas costumbres, unas las amamos y queremos conservarlas, otras se convierten en jaulas que nos limitan experimentar lo nuevo y diferente. Nada permanece igual. Nos renovamos continuamente. Cambiamos en gustos e intereses y reconocerlo es estar abiertos al cambio. Sin embargo, la persona sigue siendo la misma en su núcleo esencial. 

Hay eventos que nos mueven profundamente, ya sea por la enfermedad y muerte de seres amados o cuando nosotros mismos enfermamos; igualmente, nos mueven las decepciones y parece casi imposible permanecer en el flujo de la vida. En esos momentos hay que reconocer, haciendo a un lado el orgullo, que necesitamos ayuda; es necesario buscar acompañamiento para desahogar lo que nos pasa y ser escuchados con empatía y discreción absoluta. Y así asimilar los duros golpes que recibimos y que son una oportunidad de crecimiento y maduración en el crisol del dolor. Dar y recibir también es amarnos. Dar tiempo y espacio para mostrarnos a otros abriendo los oídos y el corazón para un encuentro sincero es amar.

Aproximarnos a otro con amor, empatía y sin expectativas en una invitación de amor mutuo. Así se allana el camino de la vida para transitarlo amorosamente a pesar de los obstáculos.  
¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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