21 de Julio de 2018

Opinión

Amor de padres

“No hay amor más grande que el de una madre”.

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“No hay amor más grande que el de una madre”, es un dicho que a veces se aleja mucho de la realidad, ya que también a veces el amor de padre no es tan grande.

“Salvemos a Owen”, fue un eslogan que cobró gran fuerza a nivel nacional, ya que una madre de oficio policía, en el Estado de México, permitió que su novio, también policía, le propinara una golpiza a su hijo de cinco años de edad, por lo que el pobre niño tuvo que ser hospitalizado de gravedad.

Estos casos no son tan lejanos para los que vivimos en el “paraíso”, ya que hace unos tres años aproximadamente se dio un caso similar en Cancún, pero en esa ocasión, terminó en la muerte del pequeño que no superaba el año de edad.

Una mujer de menos de 25 años encontró al “amor de su vida” en un hombre  de más de 30 años de edad, sin oficio, que se dedicaba a la recolección de chatarra de forma esporádica; la dama en cuestión tenía un hijo de escasos nueve meses de edad.

Un día, ella se marchó a su trabajo y dejó a su pequeño al cuidado de su galán; después de unos minutos, el bebé empezó a llorar, lo que molestó al susodicho, ya que estaba viendo el fútbol, por lo que fue hasta la habitación del pequeño y con varios golpes al estómago, apagó su llanto, y con ello, su vida.

Es alarmante conocer este tipo de casos, y es que pareciera que a veces los hijos le llegan a las personas equivocadas. De acuerdo con estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi), uno de cada 10 hombres y 1.5 de cada 10 mujeres, tienen posibilidades de tener algún grado de esterilidad. Recuerdo como con lágrimas en los ojos, Yamit, un amigo el cual conozco desde la primaria, me contaba la razón por la cual vive y “disfruta” su soltería: no tiene la posibilidad de ser padre.

Y es que mientras algunos tienen hijos y otros no pueden, están también los que los pierden. Cada semana, dicen algunas enfermeras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), por lo menos ingresa una madre que no logra llevar su embarazo a término. Al presentar el bebé alguna malformación o simplemente ser muy débil, muere antes de nacer o los médicos consideran que la única opción es interrumpir el embarazo ya que de nacer, sólo lograría sobrevivir algunos días.

En estos casos, dicen, han visto que las mamás, sobre todo las que pierden a su primer hijo, no lloran, simplemente se les va la alegría de su mirada;  literalmente, algo se muere dentro de ellas.

Tal parece que a veces la “cigüeña” equivoca sus entregas y lleva niños a padres que quieren todo, menos hijos, y se olvida de aquellos que desean y viven para ser padres y les arrebata la alegría de tener familia.

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