26 de Septiembre de 2018

Opinión

Ánimas sin pena

Son pocos los lugares que, como Mérida, pueden abrir y lucir sus camposantos.

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El Paseo de las Ánimas se inició en la administración de César Bojórquez Zapata, promovido por el entonces subdirector de promoción social y actual regidor de Educación Felipe Duarte Ramírez y ha resultado ser un verdadero éxito, ya que escuelas, comunidad, iniciativa privada, ya lo han adoptado como festividad tradicional del Hanal Pixán.

Son pocos los lugares que, como Mérida, pueden abrir y lucir sus camposantos. Aquí el trabajo operativo y logístico estuvo a cargo de la Dirección de Dasarrollo Social, cuyo titular lucía orgulloso y satisfecho por el éxito alcanzado, dándole buenos resultados al alcalde Renán Barrera Concha al que hasta ampollas le sacó su alpargata y por eso llegó tarde al cementerio.

Antes del inicio del Paseo de las Ánimas se vio la elegancia y el porte de algunas regidoras, otras fueron reconocidas por su trabajo y don de gentes. Entre las elegantes portando el terno de punto de cruz estaban la síndico Liz Estrada y Paloma Angulo, quien no perdió la oportunidad de llevar su sabucán. Lolbé Carrillo portaba su collar de filigrana de tres vueltas y no dejaba de persignarse ni negar la cruz de su parroquia, pues  cuando pasaba junto a cada uno de los altares, su lujoso collar le servía de rosario para realizar las oraciones pertinentes por las ánimas en pena.

En la trayectoria fue notorio cómo era bien recibida con abrazos y besos la regidora Manuela Cocom de parte de quienes estaban en las mesas con sus altares, pero no sucedió igual con la edil Mirel Morales, quien se la pasó peleando públicamente con su acompañante.

Diana Castillo, siempre muy servicial, atenta con quien le pedía tomarse una fotografía para el recuerdo, con clase, como debe ser toda una dama que acompaña a su consorte, el alcalde, a los eventos. Diferente fue la regidora Yajaira Centeno, quien estaba acezando por tanto caminar y apenas llevaba dos esquinas; era evidente su falta de condición y no podía presumir el hermoso terno que llevaba; muchas personas la confundían con su compañera regidora del PRI Alejandra Cerón.

El edil Juan Barea fue con su traje de mestizo y era reconocido en las mesas que ocuparon los vecinos de las comisarías meridanas y no dejaba de tomarse fotografías. Elías Lixa, sorprendido de la magnitud del evento, se notó que casi no conoce las calles del sur de Mérida, pero la gente lo identificaba y se tomaban la foto con él, sobre todo jóvenes mujeres que lo recibieron muy bien.

Entre los presentes estaban diputados locales quienes no desaprovecharon la ocasión para saludar a los líderes de los subcomités. Diferente y con toda la experiencia política se apersonó la ex alcaldesa Ana Rosa Payán, quien no buscaba la foto, ni el protagonismo y los presentes se acercaban a saludarla, Judith Malta también se dio tiempo para asistir.

Felipe Duarte se dejaba querer por las familias que colocaron altares y se le acercaban a platicar con él. No se vio al secretario de la Comuna, Alejandro Ruz, de quien se dijo que fue a la Riviera Maya. Guapa, con trayectoria y con la seguridad que la caracteriza, la tesorera Claudia Canto acudió a su mesa y personificó a la Llorona.

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