19 de Octubre de 2018

Opinión

Apodos vemos, apellidos no sabemos

Usted sabe cómo somos afectos los mexicanos a los diminutivos.

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Un joven se acerca tímidamente al escritorio del juez civil y dice en voz baja: Soy Democracio, hijo de Saborungio Gamboa Ricalde. Un hombre sentado,  con toga y birrete, pregunta: ¿Y quién es ese señor?

El muchacho, haciendo un gesto de fastidio, contesta: ¿No conoce a “Soiloy”? Al escuchar el sobrenombre el licenciado Roberto Contranza se pone de pie, avanza hasta él y exclama efusivo: “¡Don Soiloy”, por supuesto, claro que lo conozco! Es el candidato natural de nuestro partido a la alcaldía en las próximas elecciones de junio. Dígame usted, ¿en qué puedo servirle? 

El visitante toma asiento y expone:  Recién cumplí los diecinueve y debo pensar en mi futuro político para el 2018.  Como podrá imaginar, llamarse Democracio es complicado; difícil de recordar. 

No me va ayudar a crear confianza  ni posicionarme en la mente de los electores. Para mi buena suerte −me explicó mi padre−, gracias a un acuerdo de la mayoría de los partidos con el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) se aprobó ayer que por primera vez en la historia aparezca en las boletas electorales el apodo y no el nombre de los aspirantes, “con el fin de identificar con mayor facilidad a los candidatos, sobre todo en los pueblos donde hay a quien se le conoce más por su apodo que por su nombre”. Mi papi opina que es mejor madrugar, así que vengo a cambiarme de apelativo. 

−¿Imagino, después de esa valiosa información, que ha considerado usted cómo se quiere llamar? –indaga el juez.

−Desde chiquito me dicen “Soiloyito”. Usted sabe cómo somos afectos los mexicanos a los diminutivos. A veces me chivea, pero como dice el dicho: Mejor vale conocido que nuevo por conocer. 

Ya llegará el momento de asignarme el mote de mi progenitor una vez que −Dios no lo quiera −pase a mejor vida.

El servidor público asiente: Con mucho gusto. De inmediato se hará como usted diga, don Soiloyi…

La secretaria del Registro Civil entra abruptamente a la oficina. Cierra la puerta, se recarga sobre ella y advierte:  Jefe, afuera están los hijos del “Charri”, el “Joti”, la “Caki”, la “Mugri” y cuatro más que no conozco.  Solicitan audiencia con usted. Insisten urgentemente en cambiarse de nombre. El magistrado Contranza sonríe y ordena: De inmediato, Rosita. Entregue la carta solicitud a los jóvenes precandidatos.

 ¡Vaya biem!

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