20 de Mayo de 2018

Opinión

Aprendiendo a ¡amar!

Las relaciones íntimas nos llaman a confrontarnos con nosotros mismos y con los demás, con realismo y honestidad.

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Enamorarse no es lo mismo que AMAR.- Anónimo  

Las relaciones íntimas nos llaman a confrontarnos con nosotros mismos y con los demás, con realismo y honestidad. La relación cotidiana con una pareja íntima nos pone de frente al reto de liberarnos o continuar presos de hábitos  poco agradables.

Para lograr liberarnos de esos hábitos hay que poner en juego todo nuestro poder, sensibilidad y fortaleza. 

La incertidumbre siempre estará presente respecto a nuestra capacidad para afrontar  los desafíos que se presentan en la relación, avanzando con optimismo, inteligencia y gran deseo de ser mejor persona y de aprender a AMAR, no sólo de “sentir” amor. Amar es verbo, es acción. 

Si es grande el amor que une a dos personas, también será grande el interés por el mundo del [email protected]; nos esforzaremos en tender puentes e invitarle a nuestro mundo interior para conocer ese espacio íntimo: ideales, deseos, sueños, emociones, sentimientos y heridas; será el momento de buscar adentro y de escuchar, “cruzando los dedos”, para que cuando el [email protected] conozca esa intimidad, el puente sea de ida y vuelta.

¡No es tan fácil!, será el momento de la verdad y no de las apariencias, fingiendo lo que agrada al [email protected] en una fantasía que, al desmoronarse con el tiempo, deja al descubierto lo verdadero provocando coraje, decepción y una dolorosa frustración. 

Ese es el único camino para lograr una relación significativa que perdure,  permitiendo al ser de cada quien manifestarse, encontrando en la relación con el otro el lugar cálido y comprensivo para expresarse, para aprender a AMAR, que es: escucharnos, tomarnos en cuenta y mirarnos con verdad y sin rebusques.

Cuando aparece un conflicto es muy fácil acusar al otro de ser el causante, que se traduce en “eres [email protected], [email protected], [email protected], etc., la consecuencia es ir convirtiendo al [email protected] en enemigo.  Así comienza el desamor. 

Qué diferente es cuando se reconoce que en todo conflicto tenemos un 50% de responsabilidad. Esta actitud trae el desarrollo de templanza, humildad y apertura reconociendo la responsabilidad personal para no vernos como víctima de los defectos del [email protected] Hay que dirigir la mirada crítica hacia uno mismo. Cuánto bien aporta, antes de calificar al “Tú”, nos preguntemos en qué he fallado “Yo”. 

El desafío está en revisar y reconocer nuestras deficiencias y dejar el “juego” nefasto de echar culpas, de acusarnos mutuamente sin reconocer ante el compañ[email protected] las propias faltas y descuidos. 

¡Ánimo! hay que aprender a vivir!M

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