15 de Noviembre de 2018

Opinión

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Ya vence a la vuelta de la esquina la hora de la asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

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Ya vence a la vuelta de la esquina la hora de la asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Ni en las más funestas de las imaginerías nos hemos encontrado con esas perspectivas. No puede ser peor.

No parce tonto: entre China y Rusia nuestro pobre país tendrá que jugar por acá y por allá al garete de los intereses mundiales. Como siempre, pues.
Vemos en las notas mundiales:

2017 va a ser un año decisivo para el liderazgo en China. En la segunda mitad se celebrará el 19 Congreso del Partido Comunista, la cita más importante para los dirigentes cada cinco años. En ella se renovarán los principales organismos de mando, y los principales grupos de poder intentan desde ya colocar a los suyos en los mejores puestos. Desde hace meses las decisiones, sean sobre el embellecimiento de las calles de la capital o nombramientos en los gobiernos provinciales, se estaban tomando ya con un ojo en esa reunión. Todo debía estar bajo control. Imprevistos, los mínimos. Pero sucedió Donald Trump.

Parece idiota, pero el próximo presidente estadounidense valdrá mucho más de lo que esperábamos, y su correlato chino está peor.

El presidente chino, Xi Jinping, acumula más poder que ninguno de sus predecesores más recientes. De la última gran reunión del Partido antes del Congreso, este noviembre, emergió con el título de “núcleo”, a la par con los grandes líderes históricos del régimen. Si durante el cónclave de 2017 logra nombrar a sus fieles en cargos clave, su mando se verá aún más fortalecido para los próximos cinco años. Pero cada una de las principales vacantes en juego —cinco de siete puestos en el Comité Permanente, el principal órgano de poder— será producto de una encarnizada negociación entre las distintas facciones del partido.

Es lo peor. En México el poder presidencial parece rendido a esos poderes. Ya ni qué hacer.
Híjole que feo. Nos angustia mucho entender que si sube el precio internacional del petróleo sube el precio de nuestras gasolinas, pero que igualmente se eleva el precio si cae la cotización de los hidrocarburos. Todo bienvenido para el Peje Andrés Manuel López Obrador, nuestro próximo presidente mexicano. 

Es una porquería repetir los ya malhadados lugares comunes de la prensa nacional. Lo que nos queda es revisar lo local, lo que sucede en casa, por más que los troles y perversos agentes de las redes sociales se ensañen contra la prensa que se asume pensante.

Hay que ver qué hará Carlos Joaquín con la economía local, con el tema del consumo interno, con las acciones hacia la economía doméstica. Lo que se tiene que evaluar es la acción gubernamental sobre la dinámica económica del patio. Ahí va a estar la falsedad.

Es evidente que el gobernador tendrá que lidiar con todos los factores externos, pero con todo y las manos atadas la única posibilidad de salir ganando será estimular el consumo interno. 

Es natural que su perfil inicial, amén de los abusos y corruptelas precedentes, sea de economías y resguardos, mas la planta laboral del estado ya no parece aguardar más, y hasta visiones de inconformidad pública saliendo están a la luz.

Ahí estamos, sin embargo: en la página impresa, en el internet, donde quiera que nos veamos. Así será este 2017, y no más perspectivas tendremos en este fascinante proceso de comunicarnos.

Ya nos leeremos aquí y ahora.

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