25 de Septiembre de 2018

Opinión

Aquilata lo que tienes, mañana será tarde

El respirar agitado y decrépito estado, con entorno vacío de la paciente, detuvo mi marcha...

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Estamos a 48 horas para reencontrarnos como familia, independientemente de cualquier circunstancia. A estas alturas, nuestra alegría va más allá de recibir un regalo; buscamos calor y caricia, tan escasos durante el año. Qué nostalgia ante la  transformación del escenario que imperaba antaño.

En torno a los sentimientos encontrados, nos puede acechar la depresión, favorecida en parte por el bombardeo publicitario. Brevemente les comento que existen dos tipos de depresión: la estacional y la navideña. La primera se caracteriza por alteración psicofisiológica donde los cambios de la luz solar rompen el ritmo del hipotálamo y violentan los ciclos biológicos, sobre todo en lugares donde hay notorias diferencias entre las estaciones del año.

La navideña, donde la tristeza, familiares y festejos decembrinos son los detonantes. Quienes laboramos en centros hospitalarios absorbemos cual esponjas sensaciones y emociones que debemos mantener al margen y así evitar alterar la concentración que nuestras decisiones médicas requieren. Eso no quiere decir que no les comparta algún pasaje que haya cimbrado mi estabilidad,  como la noche de guardia un 24 de diciembre.

Estaba en funciones directivas y realizaba mi obligatorio recorrido a las 23:00 horas, cuando me detuve en cama del ala oriente del servicio de medicina interna. El respirar agitado y decrépito estado, con entorno vacío de la paciente, detuvo mi marcha.  Martha, de 44 años de edad, estaba semisentada, aspirando dificultosa el aire oxigenado que le brindaban las puntas nasales, estado consecuente a la invasión maligna de cáncer de seno. 

Durante esta agonía me insistía en que no tenía mayor dolor que el de haber vivido su última década con frustración y odio. Me confesaba que desde la muerte de su marido se hizo cargo de las tres hijas. Su egoísmo enfermizo y permanente reclamo al destino la llevaron a descuidar la atención y educación de su familia y en lecho de muerte se arrepentía de su poco atinado actuar.

La mayor de sus hijas ya era madre soltera a los 20 años, desempleada y sin definición para el futuro; de las otras dos apenas conocía su paradero. En su lecho de muerte, Martha rogaba al Creador  ¡un día más! para enmendar sus desaciertos; desafortunadamente falleció dos horas después.

Reflexionemos sobre el verdadero sentido de la Navidad y que lo más valioso que tenemos es nuestra familia. Entendamos la fragilidad humana y temporalidad, evitando dejar para mañana lo que necesitas hacer hoy.

Ten una muy feliz Navidad, el Creador lo ordena.

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