20 de Abril de 2018

Opinión

Arnoldo Martínez Verdugo

Parece increíble pero, a estas alturas, todavía el culto a la personalidad parece ser punto de cohesión entre los partidos políticos

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Fue llamado “Zócalo Rojo” aquel mitin que llenó la Plaza y con el cual culminó la campaña de Arnoldo Martínez Verdugo, en 1981, como candidato del PSUM a la presidencia.

La izquierda no gobernaba aún el DF y apenas dos años antes, con la Reforma Política de Reyes Heroles, el PCM había obtenido 18 curules en el Congreso y una presidencia municipal en la Montaña del estado de Guerrero.

Se ha vuelto a llenar el Zócalo pero esa vez no fue sólo la primera sino el punto de partida para la derrota del PRI. En días de involución vale la pena reflexionar y por eso fue muy justo el homenaje de la Delegación Tlalpan a Martínez Verdugo por su 88 cumpleaños.

Arnoldo ha sido fundamental en la vida política del país desde que, en 1963, llegara a la secretaría general del Partido Comunista Mexicano con la convicción de que era preciso democratizar su vida interna. Unos años antes había comenzado la desestalinización en la Unión Soviética y él entendió que era imposible cualquier democracia interna sin acabar con el culto a la personalidad que no había empezado con Stalin ni muerto con él.

Parece increíble pero, a estas alturas, todavía el culto a la personalidad parece ser punto de cohesión para partidos no sólo de la izquierda y la dificultad para entender la vida democrática nace todavía de algo que suena a superado.

Y de ese culto a la conversión de un partido en una iglesia sólo queda un paso. También fue Arnoldo el motor principal para demoler el mito del partido-iglesia, al grado de que el PCM se auto disolvió para dar lugar a otras formaciones, hasta llegar al actual PRD.

Tiene razón Roger Bartra cuando afirma que “todavía no ha aparecido el historiador o el politólogo que emprenda un estudio biográfico de Arnoldo Martínez Verdugo, cuyo papel democratizador está en la línea de Enrico Berlinguer y de Santiago Carrillo... detrás de su carácter sobrio se esconden claves fundamentales para entender la evolución de la cultura política mexicana”.

También Cuauhtémoc Cárdenas al señalar como “uno de sus ejemplos, de sus enseñanzas” que “se dejaron de lado intolerancias, sectarismos. Se trabajó sobre coincidencias” y “tendríamos que seguir en esa línea”.

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