14 de Diciembre de 2018

Opinión

'Arrojados al mundo sin cobertor de lana'

Mario Cantú ha sido ampliamente estrenado en los escenarios de todo el país.

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La empatía de Pablo Herrero con la obra de Mario Cantú Toscano nos ha permitido conocer tres momentos claves de este dramaturgo regiomontano. En diversos escenarios de Mérida hemos visto El hombre sin adjetivos, Barbie girls y, el pasado viernes 15, el estreno de Arrojados al mundo sin cobertor de lana.

Esta empatía entre creadores que viven el final de sus treinta años y rozan el principio de sus cuarenta no es exclusiva de Pablo Herrero. Mario Cantú ha sido ampliamente estrenado en los escenarios de todo el país y se ha dado el fenómeno, nada común, de que una misma obra suya esté montándose en el norte, en la Ciudad de México y en Mérida. Creo no equivocarme si digo que es el caso de los tres montajes de Herrero: casi simultáneamente han estado esas obras en distintas carteleras.

Puede hablarse, por tanto, de que Mario Cantú Toscano es la voz teatral de su generación.

A pesar de las diferencias de condiciones en las diversas regiones del país, hay un humor ácido, una capacidad de ironía y de autoescarnio que parecen empapar a México tal como lo ven estos jóvenes que se asoman desde las alturas a los caminos descendentes del tobogán nacional. A eso lo llamamos madurez.

Filósofo de formación y asiduo televidente, como todos los de su edad, Cantú no dudó en unir la neurosis existencial a Seinfeld en el Hombre sin adjetivos, y ahora el da sein, nuestro “ser aquí” de arrojados al mundo sin posibilidad de elección heideggeriano, da título a una reflexión dolorosa e inteligente, en una ciudad, Monterrey, que se ha convertido en epítome de la violencia y el malestar nacionales.

Por ello se entiende en todo el país y el humor con que los sazona el autor encuentra eco en la muy brillante puesta en escena de Pablo Herrero que se arriesga y se contiene en espacio y trazo mínimos. Cuenta con la melancolía natural de Mónica Vázquez y los contrapuntos exactos de un espléndido Sebastián Liera.

Con Arrojados al mundo sin cobertor de lana la reflexión sobre lo poético, en el paisaje de nueva guerra sucia que hoy llamamos “contra el narco”, se conjunta no sólo el talento de sus creadores sino la dureza de sus miradas, demasiado tristes para la edad que tienen.

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