12 de Diciembre de 2017

Opinión

Ascensos postmortem

Estas distinciones enaltecen la memoria del soldado o marino abatido y deben ser motivo de orgullo para familia.

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Muchos se preguntan si sirven de algo los reconocimientos a las personas fallecidas, pues se insiste en que deben ser en vida. Generalmente este tipo de homenajes se hace a  estadistas, escritores, artistas y otros personajes de la vida pública.

En las fuerzas armadas, las leyes de Ascensos y Recompensas establecen cómo pueden otorgarse los ascensos postmortem, como los concedidos por la Sedena a ocho militares que perdieron la vida el 1 de mayo en Jalisco y otro en Tamaulipas, combatiendo a la delincuencia organizada.

Para ese efecto, se integra una Comisión de Evaluación que acredite las circunstancias en que los militares hayan perdido la vida y, si lo considera, propone al secretario de la Defensa el ascenso. En este caso, se concedieron ascensos a los diez militares porque “registraron actos excepcionalmente meritorios con los que pusieron de manifiesto su valor, lealtad a las instituciones, conducta y entrega total al cumplimiento del deber”.

Si los reconocimientos postmortem a civiles sirven para dejar constancia de una vida ejemplar, en las fuerzas armadas tienen el objetivo de otorgar  un apoyo moral y económico a la familias del militar caído, en el entendido de que nada compensa la pérdida de un ser querido.

Esas distinciones enaltecen la memoria del soldado o marino abatido y deben ser motivo de orgullo para sus madres, esposas e hijos. Quizás esto no sea tan fácil de entender para un civil, pero para quienes sirven en las unidades del Ejército y los buques y dependencias de la Marina, reviste especial significado.

Marinos y soldados han aprendido en la guerra a combatir a la delincuencia, que muchas veces tiene mejor capacidad de fuego, como quedó demostrado con el derribo del helicóptero Cougar de la Fuerza Aérea Mexicana el 1 de mayo en Jalisco, en donde perdieron la vida ocho de los nueve ascendidos.

Un reconocimiento post-mortem es lo menos que pudo concederles el gobierno a los capitanes segundos Sergio Gabriel Ugalde Cortés y Julián Daniel Palacios López, al piloto aviador Luis Alonso Lara Corral, al teniente Rolando Cruz Pérez, al subteniente Miguel Ángel Jarquín Robles, a los sargentos segundos Alberto Sánchez García, Diego Aarón Pedraza Pérez y Germán Zamora Cardoso, y al soldado Enoch Altunar Altunar.

Para ellos y sus familias, nuestra admiración y respeto, al igual que para quienes todos los días combaten a la delincuencia y arriesgan sus vidas para que usted, yo, nuestras familias, vivamos con tranquilidad.

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