20 de Septiembre de 2018

Opinión

Ataques al Ejército, un búmeran

Los padres de los desaparecidos normalistas de Ayotzinapa, apoyados por grupos anárquicos, atacaron el pasado lunes varias instalaciones militares, luego de “comprar” la hipótesis iniciada por un par de académicos de la UNAM.

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En busca de quien se las pague, los padres de los desaparecidos normalistas de Ayotzinapa, apoyados por grupos anárquicos, atacaron el pasado lunes varias instalaciones militares y navales, luego de “comprar” la hipótesis iniciada por un par de académicos de la UNAM que implicaba a soldados en el secuestro y muerte de los estudiantes: “Si no, que lo prueben”, desafiaron.

Sin medir las consecuencias, los provocadores se plantaron ante los cuarteles del Ejército y la Armada en Guerrero, Oaxaca y Chiapas, donde agredieron física y verbalmente a quienes tienen la obligación, como así lo hacen, de propiciar para ellos y nosotros un país de garantías y libertades hasta para manifestarse como lo hicieron, aun sin razón. 

Insultaron y apedrearon a quienes en casos y zonas de desastre son los primeros en salir a las calles a protegerlos, transportarlos a lugar seguro, brindarles techo, comida y atención médica. Grave está el país cuando los ciudadanos arremeten contra las instituciones, porque socavan así los pilares de su patria, de su gente, de su casa.

Ante la turba enardecida en busca de catarsis, los militares se excedieron en tolerancia y con ello se evitó lo que querían los agresores: el enfrentamiento para culpar a los soldados de abusos y de represión, palabra favorita de quienes odian al soldado, pero acuden a él en momentos difíciles.

El daño está hecho, porque no sólo afectaron los inmuebles, sino también la imagen de la institución garante de la soberanía nacional, y lo hicieron a sabiendas de que nadie iba a responderles, aunque luego se dijeron víctimas de agresiones.

La afrenta hacia esa gente del pueblo, como ellos, llegará como búmeran a su causa, porque muchos mexicanos están hartos de sus desmanes, su odio ha sido combatido no con las armas, sino con la tolerancia que ya rebasa los límites. 

Comprendemos la frustración, el coraje y la impotencia ante la desaparición del hijo, del hermano; pero lo que ellos no entienden es lo que se ha repetido hasta el hartazgo: el odio no se puede combatir con odio... 

Anexo "1"

Cuarteles abiertos

Como era de esperarse, la respuesta del Gobierno a los familiares de los normalistas ha sido en la misma tónica: ceder a las exigencias. Se abrirán los cuarteles (que jamás han estado cerrados, por cierto) para que la CNDH y los propios familiares de los estudiantes desaparecidos constaten que no se encuentran ahí ni hay tales “hornos crematorios” como alguna mente distorsionada inventó a manera de colofón de una macabra conspiración para desaparecer a los estudiantes. Lo lamentable es que la especie provino de quien sirvió y se sirvió del Ejército.  

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