23 de Septiembre de 2018

Opinión

Aurelio, y el arte de hundir la isla

Con una combinación de apellidos que le despejó el camino para ser diputado local y finalmente presidente municipal de Cozumel, Aurelio Joaquín González (PRI) es patético ejemplo...

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Con una combinación de apellidos que le despejó el camino para ser diputado local y finalmente presidente municipal de Cozumel, Aurelio Joaquín González (PRI) es patético ejemplo de lo que debe ser evitado por un político que pretenda seguir vigente a fuerza de su capacidad, más allá de los padrinazgos tan nocivos.

Y es que el alcalde en pañales de seda ha oscilado entre los escándalos de corte conyugal y problemas de salud al deficiente manejo de las finanzas que ha colocado al borde del colapso a la cuna de los políticos más destacados que ha dado nuestro estado, comenzando por su familiar Pedro Joaquín Coldwell –ex presidente nacional del PRI y secretario de Energía en el equipo del presidente Enrique Peña Nieto–, quien debe sentirse deshonrado por los papelones hechos por el pequeño Aurelio.

Aurelio Joaquín no ama a su isla. Prueba de ello es su maniobra para alterar a la mala el Programa de Ordenamiento Ecológico Local (POEL), a fin de abrir la puerta al peligroso proyecto del parque eólico en la zona oriental de Cozumel, aunque atente contra la ecología, tal como se han cansado de advertir grupos de ambientalistas encabezados por Guadalupe Álvarez Chulin, presidenta del grupo ambientalistas Cielo, Tierra y Mar (Citymar).

Aurelio Joaquín no ama a Quintana Roo. De lo contrario sería el primero en tomar con pinzas el ambicioso proyecto del parque eólico que dejará una afectación similar a la huella de Pemex en zonas que mantiene bajo explotación. Pero el alcalde no tiene ni la menor idea del significado del Quintana Roo Verde, o lo concibe de otra manera, entre fumarolas y elefantes flotantes en tono pastel.

Aurelio Joaquín no se ama a sí mismo. De lo contrario sería el primero en ponerse en manos de expertos para resolver de una vez por todas sus problemas de salud que lo han degradado como ser humano, hasta hacerlo atentar contra la integridad familiar, por lo que tuvo que hacer un cambio obligado en el presidencia honorífica del DIF Municipal.

El apellido no hace milagros

Ser joven no debe ser una patente de corso. Sin embargo, el salvoconducto del apellido ha despejado el camino a otros personajes suertudos vividores de la grilla política, que son capaces de exterminar todo lo que quede bajo su resguardo.

Lo grave para su partido es la acción destructiva del imberbe alcalde que lanzó a la alcantarilla su presente y futuro políticos, todo por ser presa de su falta de autocontrol y su excesiva inexperiencia, siempre apostando a una combinación de apellidos que no hace milagros, tal como comprobó en el sur el alcalde capitalino Carlos Mario Villanueva Tenorio.

La de Aurelio Joaquín es una carrera terminal, pero en estos meses seguirá causando mucho daño a una isla que no ama, aunque alimente sin condiciones su fortuna personal.

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