23 de Septiembre de 2018

Opinión

Autenticidad

Todos necesitamos sentirnos amados, valorados y admirados y el precio equivocado es ser obedientes y complacientes; ser educados.

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Una persona, al descubrir que es amada por ser como es, no por lo que pretende ser, sentirá que merece respeto y amor.-  Carl Rogers, psicólogo.         

Desde niños aprendemos a dar gusto a los demás y así recibir cariño y aceptación. Desde entonces aprendemos a descubrir lo que les gusta a los demás para hacerlo y “quedar bien” para recibir a cambio aprobación y amor.

Todos necesitamos sentirnos amados, valorados y admirados y el precio equivocado es ser obedientes y complacientes; ser educados (¿amaestrados?), ganar mucho dinero, ser los mejores estudiantes, de 9 y 10 en la boleta, ser… ser…  

Aprendemos a “disfrazar” emociones y sentimientos. Ejemplo: si siento coraje con mamá por algo injusto y sé que me volverá a regañar si lo demuestro, digo que no estoy [email protected], que lo que siento es tristeza u otro sentimiento “pemitido”. A fuerza de sustituir o reprimir emociones y sentimientos reales, dejamos de tener contacto con lo que verdaderamente sentimos y luego cuesta mucho saber qué, en verdad, estamos experimentando.

Aprendemos a fingir conductas y a usar máscaras. ¡Cuidado!, puede pasar que al usar  constantemente alguna máscara “conveniente” y habituarnos a ella lleguemos al grado de NO saber quiénes somos de verdad. Puede ser la máscara de “vivir a la defensiva” o puede ser la de “agradar a los demás” o muchas otras. Entonces no soy yo, sino una máscara. 

Hay dos caminos en donde nos perdemos: 

1) El alejamiento de mí [email protected] respecto a lo que realmente es mi propia experiencia. Ejemplo: cuando mi cuerpo me dice que estoy [email protected] y mi mente me dice otra muy diferente, ejemplo: no es de una “buena mamá” sentir coraje con su hijo. 

2) No tener ninguna relación interpersonal en la que pueda comunicar lo que verdaderamente soy en diferentes situaciones, en las que, aunque diga lo que diga y sienta lo que sienta, no me rechazarán. 
No es fácil encontrar personas que nos acepten incondicionalmente, sin embargo, no es imposible. La aceptación incondicional se refiere a la persona. No quiere decir que se tenga que aceptar todas sus conductas y acciones: puedo aceptarla pero no su conducta ya que me puedo enojar y expresar mi coraje sin humillarla. 

Si logramos una actitud de aceptación incondicional como es: ponernos en el lugar del otro (empatía) y somos congruentes, expresando con respeto lo que sentimos, podremos ayudarnos y ayudar a otros a encontrarnos para una mejor convivencia y desarrollo.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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