21 de Septiembre de 2018

Opinión

Autoridad personal

Hay que esforzarse para llegar a tener autoridad personal, es decir, ser autores de nuestra propia vida que implica la capacidad de decidir por uno mismo.

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Quien logra su  autoridad personal,  inspira respeto.-  Lao Tse, filóasofo                                       

Para estar decidido, antes se estuvo indeciso, es decir, dudoso. La duda es una pausa para encontrar lo más adecuado en diferentes circunstancias.

Para tomar una decisión y lograr una determinación, primero hay que discernir. Cuando se presenta un cambio y hay que decidir el camino a seguir, se tiene que emplear el discernimiento. La vida es, en sí, un proceso de transformación; es incierta y por eso es tan interesante; es cambio, siempre ofrece algo nuevo. Por esto hay que formarnos un criterio para buscar y encontrar lo verdadero, ya que si no lo hacemos quedamos a merced del juicio, opinión o voluntad de otros, sin importar si corresponde o no a la verdad. 

Hay que esforzarse para llegar a tener autoridad personal, es decir, ser autores de nuestra propia vida que implica la capacidad de decidir por uno mismo. Ejercitar esta capacidad de decisión, asumiéndola con firmeza y humildad, es crear y recrear nuestro propio ser y destino; haciendo progresar, con genuina autenticidad, la existencia humana. 

Quien ejerce su autoridad, se autoriza, se hace autor de sí mismo, se autordena sin esperar que nadie le ordene, mande o imponga lo que debe hacer. Se autodisciplina. 

Cuando uno ama lo que hace y este hacer va de acuerdo con la auténtica misión de su vida, permite y favorece el desarrollo de los valores más elevados. La persona se hace abierta, receptiva y generosa, comparte sus valores personales como tolerancia, comprensión y flexibilidad; es dinámica, capaz de adecuarse y crecer en las diversas circunstancias que la vida le presenta. 

Al lograr la autoridad personal se goza de seguridad y confianza en uno mismo y se promueve y ayuda a que los demás descubran y aumenten sus valores. No se teme a que otros disientan, ya que la diversidad enriquece. Favorece los auténticos encuentros humanos de mutuo crecimiento, promoviendo así el desarrollo de la consciencia, la responsabilidad y la libertad. 

Recordemos que el ser humano con autoridad personal se permite dudar. Reflexiona, discierne y actúa con criterio propio; escucha y se nutre con los demás y está en continua evolución. Vivamos nuestra AUTORIDAD PERSONAL.  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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