22 de Agosto de 2018

Opinión

Avanza la razón en Latinoamérica

Pareciera que el combate a la corrupción, el descrédito de gobiernos autoritarios...

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Pareciera que el combate a la corrupción, el descrédito de gobiernos autoritarios y la incesante búsqueda por fortalecer los derechos humanos son temas nacionales exclusivos. Pero no. Lo que ocurre en América Latina por estas fechas refleja que los ciudadanos están encabezando, en muchos casos, las transformaciones más anheladas con dichas temáticas como banderas de lucha. 

En ese contexto podemos citar las crisis de gobernabilidad o de confianza en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Venezuela, Guatemala y México, por citar algunos, abriendo un nuevo escenario en la región debido a la elección de nuevos gobernantes, el replanteamiento de las relaciones internacionales o el castigo de la comunidad global.

Durante más de una década el llamado “eje bolivariano” (conformado por casi todos los países antes mencionados) se benefició acumulando ganancias por el boom de las materias primas, modificando a modo las constituciones políticas, controlando la prensa y aliando con grupos poderosos para sostener un modelo con abusos, con el cual se limitaban todas las libertades individuales.

Eso está cambiando. El giro se ha producido en forma paralela al virtual derrumbe de varios gobiernos y los movimientos ligados a ese antiguo eje. No solo la Venezuela de Nicolás Maduro está sumida en la peor crisis política, social y económica de su historia reciente, también les ocurre a otros, principalmente del Cono Sur. Basta mirar lo de Brasil, el otrora gigante invencible del continente.

Además de lo anterior -signo inequívoco de esa transformación- se cuentan los acuerdos de paz en Colombia firmados ayer en Cuba; la alternancia en un Perú que retoma la esperanza con Pedro Pablo Kuczynski; la caída de la popularidad de Evo Morales, quien ya no sería reelecto; una Michelle Bachelet en manos de una sociedad chilena que exige transparencia, así como los juicios legales contra personajes del kirchnerismo argentino. 

En todos estos ejemplos ha sido clave la participación ciudadana para acusar excesos, denunciar presuntos delitos y presionar para mejorar la rendición de cuentas de los servidores públicos, más aún de aquellos en las altas esferas. Y asociados con grupos de presión válidos y opositores fiables, han logrado lo ya conocido. Pero todo eso cuesta tiempo, esfuerzo, voluntad, y en muchas ocasiones, vidas.

De todo lo anterior, me quedo con la paz en Colombia, cuyos detalles fueron suscritos ayer en La Habana, considerado “campo neutral”. Después de más de 50 años de conflicto, el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (la guerrilla más antigua de Latinoamérica) firmaron un cese al fuego bilateral, la antesala de un acuerdo de paz definitivo que se concretará antes de finalizar el verano.

Las cosas están cambiando en este subcontinente sufrido, que ha visto guerras, golpes de estado, genocidios, desapariciones y un vergonzoso etcétera.

Desorbitado

Como decía, la nueva correlación de fuerzas en México y la región dependerá en gran medida de la voluntad de los involucrados. Cuanto más prudentes y honestas sean las partes, se lograrán acuerdos más duraderos. No está sucediendo así en Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Edomex o Quintana Roo, donde las manifestaciones por diversos motivos han provocado el choque entre policías e inconformes, con pérdidas lamentables.

Cuando a los grupos de presión se les controla la válvula de escape, las quejas estallan sólo contra un sector, perdiendo la credibilidad necesaria para sumar y seguir. Lo mismo pasa del otro lado, cuando las autoridades manipulan los entornos con fines creados, debilitándose más y no encontrando salidas sensatas. El diálogo debe prevalecer sobre la violencia.

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